Transparencia horizontal de la administración pública

Fecha Publicación: 5/3/2016

Ante el cansancio o la indignación por actos reñidos con las buenas prácticas, en muchos niveles de la administración pública, la reacción natural y esperable es un renovado énfasis en la rendición de cuentas y en la transparencia, de todos los que tienen que ver con el uso de los recursos públicos, no importa cuán grandes o pequeños, sin excepción, en las altas esferas y en los ámbitos más reducidos, desde ministerios a municipios. 

No debería haber, por parte de los involucrados, resistencia alguna, para la expresión popular, el que nada hace, nada teme. Nadie puede abrigarse en el concepto de la dignidad del cargo o una intachable conducta anterior, para darse por ofendido o atribuirse excepción, es absolutamente indispensable tener todas las cartas sobre la mesa, ahora con más urgencia que nunca.

Un factor importante, además de los subentendidos, es aquel de las circunstancias globales en el escenario financiero, interno y externo. Oportunamente, Hacienda ha efectuado cambios presupuestarios de ajuste, por montos que pueden o no ser los que en realidad corresponda, el elemento que persiste es un período de vacas flacas, ante esa realidad lo que corresponde es la extrema prudencia en el uso de los recursos, de todo tipo, humanos y materiales.

Muy especialmente en el primer aspecto, posiblemente el más caro, es preciso poner particular atención: deben estar efectivamente los mejores. El primer aspecto que puede emerger, al revisar las idoneidades, es la presencia de redes de empleados y funcionarios cobijados en vinculaciones nepóticas, una situación incompletamente descrita en la administración superior, pero que podría alcanzar dimensiones inquietantes en el ámbito comunal.

El nepotismo es la excesiva preferencia que algunos individuos dan a sus parientes, amigos o allegados para los empleos públicos o reconocimientos sin evaluar las capacidades que poseen para el cargo a desempeñar. Puede que sí las posean, pero esa condición no ha sido puesta a prueba, es por lo tanto opaca, lo contrario de transparente.

Se suele describir a las instituciones del Estado como serias, en las cuales se selecciona solo por calidad; se da como ejemplo los cargos a los cuales se accede por concurso, como aquellos de alta dirección pública. Si es esta una premisa cierta, el nepotismo es un acto de corrupción. 

En relación a lo anterior, en México, España y otros países, el nepotismo no es visto como delito, pero sí es una práctica prohibida y sancionada con responsabilidades administrativas como perder el cargo o derechos políticos. Específicamente, México en su legislación contiene la Ley Federal de Responsabilidades de los Servidores Públicos, la cual indica que ningún funcionario debe de intervenir en la tramitación o resolución de los asuntos en los cuales tengan cualquier tipo de interés. Asimismo, debe de abstenerse de participar en la selección, o promoción de cualquier individuo de quien pueda lograr algún beneficio. 

La legislación chilena al respecto camina en igual sentido, con efectos todavía insuficientes, ya que es muy posible que varias situaciones actuales no resistan un análisis crítico. En tiempos de elecciones municipales, ese nivel y sus circunstancias deberán salir airosos de la pruebas de la blancura, particularmente porque la mirada es harto más próxima y porque los actores son parte de una fácilmente visible vida cotidiana. 
 


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