El fenómeno de la crisis de confianza

Fecha Publicación: 4/3/2016

Pudo haberse tratado de una falsa pausa, el Chile dormido de las vacaciones de febrero permaneció despierto, las novedades, la mayoría intranquilizadoras, les persiguieron a sus lugares de descanso, como indeseable consecuencia de la información ubicua, instantánea y múltiple. Los problemas que habían quedado para después, siguieron en los debates, subrogantes o no. Lo que pudo ser el opio de los pueblos, como los festivales Viña y otros, dejaron a los humoristas a cargo de remover las brasas, con harta más llegada que la prensa escrita o las silenciosas e indiscretas pantallas de los celulares.

Los datos duros del pulso político, en las encuestas intrusas, mostraron bajas en la popularidad de la Primera Mandataria, pero al mismo tiempo mostraron que estaba muy bien acompañada, el apoyo a los proyectos estrella del Gobierno, la Reforma Tributaria, que bajó otro punto para situarse en el 23% y la Reforma Laboral con dos puntos menos, mostrando un 27% de aprobación. Se percibe a la economía como estancada, 63%, agregando el 22% de los que opinan que está en decadencia, se llega a un 84%, el índice más bajo desde el año 2000, por otra parte, solo un escuálido 14% aprueba el actual gabinete.

Se ha descrito esta situación como la peor crisis de confianza pública de los últimos 25 años, con numerosos indicadores, como la desafección de la política evidente desde la Encuesta Nacional de la Universidad Diego Portales del 2014. En 2005, un 52,5% de los encuestados no se identificaba con ningún partido político y el 2014 esa cifra subió a un 78,3%. Las coaliciones políticas tienen una tendencia similar y el eje de izquierda a centroderecha ha ido aumentando significativamente. 

Según la encuesta Plaza Pública Cadem de marzo de 2015, el 63% de los encuestados cree que el Poder Judicial no es completamente autónomo; el 84% que no asegura igualdad ante la ley. Sin embargo, se ha observado que no todas las instituciones se derrumban, el fenómeno es más claramente apreciable en aquellas que administran el poder. Carabineros y las Fuerzas Armadas subieron su grado de confianza, según el CEP, en contraste con la Iglesia Católica, que desde el año 2002 al 2015 bajó de un 47% a 29%. El Gobierno, de un 32% a un 15% en el mismo período; así como el Congreso y los partidos políticos.

Lo más llamativo es que si bien es cierto Chile está creciendo poco y para algunos, mal, no está retrocediendo en comparación con otras naciones severamente afectadas por los cambios globales de la economía, aún así, el ambiente es de crisis, más debida a la pérdida de la confianza. No se visualizan cambios en la conducción de los proyectos que lleva el buque insignia de la coalición gobernante, hay juegos gatopardistas, no se lleva adecuada cuenta de los sentimientos ciudadanos, que tienen confianza en su entorno inmediato, pero no así en la cosa pública.

Cuando se interroga por la satisfacción personal y del entorno cercano, el 69% se declara satisfecho con su vida; el 75% cree que su familia está satisfecha, es a medida que se trata de las instituciones del Estado, que comienza a aparecer la desconfianza.

Es explicable que en muchas partes exista una actitud expectante, de cartas contra el pecho, esperando saber de la dirección de los vientos, con reformas a medio camino, con avances y retrocesos, que dificultan saber cuál será finalmente el reglamento del juego. 


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