Comprender el fondo de la inclusividad escolar

Fecha Publicación: 3/3/2016

Puede que sea una apreciación injusta, pero liberar a las familias de la obligación de comprar uniformes, con el fin de asegurar la inclusión escolar, es un ejemplo de imperfecta discriminación entre lo fundamental y lo superfluo, o no se termina de entender qué es efectivamente inclusividad en el contexto escolar y cuáles son los principales factores involucrados para que ésta se cumpla, o hay un intento de otorgar una ventaja aparente, de fácil aplicación, esperando atraer mayor caudal de apoyo a un proyecto que tiene tantos desconfiados como entusiastas.

Los aspectos ventajosos de esta medida serían la economía, el respeto a la individualidad de los estudiantes, el respeto a la diversidad, entre otros, todos de discutible exactitud. El ahorro de compra de uniforme puede resultar en la compra de tenidas para ir al colegio, de costo fácilmente mayor, nadie puede ser tan ingenuo para ignorar que en el ambiente escolar se puede establecer con mucha rapidez una estratificación según la marca de la ropa o la frecuencia de su renovación.

Expresar individualidad a través del corte y color de los cabellos, de tatuajes y otros recursos ornamentales, desvirtúa el hecho que lo que debe primar en la individualidad del estudiante es su perfeccionamiento y progreso académico, la calidad de su desempeño, su riqueza como persona en formación, harto más indicativo que lo que pueda hacer con su apariencia.

Es necesario en la discusión que se avecina sobre esta iniciativa, revisar los contextos universales. Para la Unesco, en un documento conceptual sobre este asunto, la educación inclusiva consiste en el proceso de identificar y responder a la diversidad de las necesidades de todos los estudiantes a través de la mayor participación en el aprendizaje, las culturas y las comunidades, reduciendo la exclusión de algunos niños de la educación por circunstancias de esa naturaleza. 

En la base de este proceso, están las metas últimas, la convicción de que es responsabilidad del Estado educar a todos los niños, lo que necesariamente involucra cambios y modificaciones en contenidos, estructuras y estrategias, con una visión común que les incluye a todos. Su fundamento es el principio de que "cada niño tiene características, intereses, capacidades y necesidades de aprendizaje distintos y deben ser los sistemas educativos los que estén diseñados, y los programas educativos puestos en marcha, teniendo en cuenta la amplia diversidad de dichas características y necesidades". 

El asunto puesto como prioritario, que los colegios no puedan discriminar por apariencia, por perfil, por estado socioeconómico o color o longitud del cabello, es hasta cierto punto marginal. La inclusividad tiene que darse en el conjunto de la comunidad escolar, de profesores, alumnos y personal administrativo, cada quien respetado como persona, cada cual aceptando el valor del otro, aunque distinto, mucho más que signos externos, una compleja e ineludible transformación de valores, claramente en sentido a la conducta actualmente predominante.

Lo que no debe confundirse, es que la inclusividad sea una excusa para que todo sea permitido, las justas reglas del juego de la comunidad escolar han de estar meridianamente claras e indiscutiblemente vigentes, tendrá que haber disciplina, respeto a la autoridad, obediencia a la reglamentación, común a todos, para el bien de todos, una nueva generación de ciudadanos para un Chile más solidario. 


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