El exterminio del maestro chasquilla

Fecha Publicación: 3/3/2016

Continuamente, a veces a refunfuños, se tiene uno que referir, con oblicua envidia a pesar de todo, al gran país del norte. Bien puede ser que la principal fortaleza de Estado Unidos sea una poderosa clase media, de relativo alto estándar, que conforma una gran población distribuida bastante homogéneamente en todo ese extenso territorio; el censo del año 2000, identifica más de 18.000 pueblos, con ciertas características comunes de edificación gubernamental, parques, edificios educacionales, centros de compras, pero por sobre aquello, en la mayoría de los casos, una o más actividades productivas, de la más diversa clase, que le dan la vida al pueblo. 

No pocas veces ese producto es como el segundo nombre del pueblo entero, que con él se identifica, por pequeño que sea, con innegable orgullo de cosa propia. Hay un factor que puede pasar inadvertido al visitante ocasional, que muchos de los ciudadanos están involucrados con esas fuentes de riqueza, ya que el crecimiento de esa base productiva beneficia a todos, en la debida y justa proporción.

Ha sido así por generaciones, lo cual produce una cultura particular, extremadamente conservadora y autorreferente y que, al mismo tiempo, por la continuidad de la actividad y la transferencia de experiencia de una generación a la que sigue, resulta en fortalecimiento y mejoramiento de calidad, otro nombre para la ventaja comparativa y la competitividad, así sea un abrelatas de duración eterna y garantía de por vida.

Nuestros dilectos maestros chasquillas tienen una gran tarea por delante y muchos de los otros actores en el mundo laboral, también.


PROCOPIO


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