Recuperar confianzas y devolver el interés por lo público a la ciudadanía

Fecha Publicación: 2/3/2016

Independientemente del credo, hay documentos referenciales para la vida en sociedad, propuestas que resultan incontrarrestables. Los mensajes pueden tener tanta fuerza que para muchos, directamente tocados en cuanto a responsabilidades, es necesario hacer un forzado ejercicio de reconciliación personal, muchas veces atribuyendo al discurso en cuestión, intenciones torcidas, para dejar sus conciencias a salvo, aunque sea por un tiempo. 

Pudo haber ocurrido con la ya histórica encíclica de Pablo VI Populorum Progressio. Según ese documento, el desarrollo humano debe ir dirigido a reducir desigualdades, combatir discriminaciones, liberar de esclavitudes, ser responsables de sí mismos y progresar éticamente. En ese proceso se logra un bien invaluable e indispensable; la construcción de la comunidad humana, que si bien comprende aspectos de progreso material, científico y técnico, también incluye de responsabilidad y conciencia moral, sin las cuales los grupos humanos carecen de vinculación.

En este aspecto abunda José Mora Galiana, doctor en Filosofía, profesor de Filosofía del Derecho en la Universidad de Sevilla, en un comentario dirigido precisamente a esta construcción, un necesario requisito para el desarrollo y las situaciones que producen el efecto contrario, la destrucción de las comunidades como tal, transformándolas en agrupaciones, en las cuales cada quien trata de obtener lo que desea, haciendo caso omiso a las necesidades de los demás, una sociedad egoísta e insolidaria indiferente al bien común.

Si se agrega a esta tendencia, la percepción de mala o desigual distribución de la riqueza, de los bienes y de los servicios, si se tiene una sensación de inseguridad ciudadana, de vulnerabilidad frente a la acción delincuencial, entonces las familias y los grupos tienden a encapsularse, a separarse del conjunto para elaborar un mundo privado donde se pueda estar seguro y en paz, sin el concurso de las instituciones, descritas como ineficaces, ni de los otros, a de quienes se desconfía ante la imposibilidad de conocerles.

Se ha creado en los chilenos una brecha entre los ciudadanos y la llamada clase política, esta última, en su esfuerzo por prevalecer, por mantener sus cuotas de poder, se ven envueltas en sus propias entelequias y de paso, como indeseable consecuencia, suelen divorciarse de las necesidades del ciudadano común.

En períodos preeleccionarios, como el actual proceso de elecciones municipales, abundarán los acercamientos, nuevos intentos de reencantar a un electorado progresivamente más indiferente, más felices y satisfechos en su propio entorno que en su propia comunidad, alejados incluso de sus vecinos y aún más de las grandes tareas de la nación.

Sin embargo, la mancomunión entre políticos interesados auténticamente en el bien común y ciudadanos responsables, es un requisito indispensable de la democracia sana, se ha expresado que no es posible el desarrollo humano, ni la construcción de la comunidad, en el ámbito cercano del barrio y la ciudad, y en el más amplio, de la Región y el país, sino se respetan todos los derechos de todas las personas.

El elemento faltante es la responsabilidad ciudadana, el gran tema de eventuales diálogos con propósitos constitucionales, es la efectiva participación, el compromiso de todos. Sin esa actitud, se corre el riesgo de sacar conclusiones inválidas, de aumentar las brechas y las desconfianzas. 


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