La permanencia del papel

Fecha Publicación: 1/3/2016

Que las cosas ocurridas en el pasado parecen ser mejores que las cosas que ahora ocurren se debe, muy posiblemente, a generosas cuotas de amnesia, o la natural tendencia de la memoria a registrar preferentemente los aspectos positivos pretéritos, para evitar volver a encontrarse con acontecimientos molestos o dolorosos.

Comparar las actuales modalidades de registro de las ideas y los datos, por ejemplo, con el modo de dejar constancia en tiempos pasados, es claramente casi un absurdo, un abuso de contrastes en mundos diferentes, entre las anotaciones cuneiformes, los papiros y el papel y las pantallas y los lenguajes binarios.

Los romanos hacían sus tareas en papiro, las hojas secas de una planta del Nilo; doscientos años AC más tarde empezó a ser sustituido por la vitela, una piel de vaca, curtida y adelgazada o por el pergamino, con desechos de piel de ovejas o cabras. 

En anticipación muy temprana, los chinos se empezaron a apoderar del mercado con el papel, una industria cuya materia prima eran las fibras de madera. 

La técnica es mejorada por españoles e italianos en los siglos XII y XIII, el resto de la historia del papel llega sin tropiezos hasta ahora mismo, solo que en cincuenta años una técnica nueva, el avance incalculable del universo virtual, amenaza con su exterminio.

Lo que está por determinarse es si todo lo que está guardado en los medios electrónicos podrá ser rescatado, como lo ha permitido siempre el contenido escrito sobre papel, con el paso del tiempo, mientras tanto más vale tomar apuntes a la antigua, por si las moscas.


PROCOPIO


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