El estado del arte en la descentralización

Fecha Publicación: 29/2/2016

Ha pasado la suficiente agua bajo los puentes como para hacer una revisión de los avances observables después de ser anunciada, con las exultantes ceremonias de rigor, la puesta en marcha de un plan de descentralización administrativa de Chile.

La Comisión Asesora Presidencial en Descentralización y Desarrollo Regional, entregó esta propuesta a fines del año 2014, en su momento, por este medio, se describía la entrada a un período de vigilia, concepto cercano a la condición de alerta y contrario al descuido o distracción, dado el interés por verificar el progreso de las iniciativas en un asunto de fundamental interés, no solo las regiones, sino para el desarrollo justo, necesario y equilibrado de todo el territorio nacional, sin el cual el país pierde, progresivamente, las posibilidades de insertarse con fuerza en el concierto de las naciones del primer mundo, al abandonar claras posibilidades de diversidad productiva.

El documento en cuestión definía los objetivos y etapas de este proyecto, que en líneas generales establece modalidades de funcionamiento de las regiones, sus autoridades, atribuciones, financiamiento y vinculación con el gobierno central, un texto minucioso que a poco andar permitió descubrir cuáles serían sus principales áreas de conflicto.

Justamente el tipo de asuntos vitales para lograr la efectiva incorporación de las regiones al quehacer nacional, responsablemente y desde el sitio mismo donde las circunstancias se encuentran, como una propuesta de cambio a la planificación y ejecución de proyectos desde la capital, muchas veces con nula comprensión de la realidad local.

Particularmente la Región del Bío Bío, con un desarrollo insuficiente, con graves amenazas a sus actuales líneas productivas, debe tener clara idea de cómo será el escenario en los próximos y críticos años, con un escenario internacional e interno de compleja interpretación y pronóstico, requiere de reglas del juego claras con respecto a su gobernanza y administración, hay que recordar que el proyecto contemplaba la descentralización política, con la elección de un Intendente Regional y gobiernos Regionales y Municipalidades.

Se ha tropezado con los obstáculos calculables, uno por uno, la eventual dualidad y conflicto entre un directivo elegido en la Región y otro designado por el Gobierno, la desconfianza implícita en la delegación de funciones y sobre todo en la capacidad para la administración idónea de presupuestos al nivel local.

Se ha descrito apropiadamente los procesos propios de la Descentralización Administrativa, con una agenda en construcción para de traspaso de competencias. La creación , en cada Gobierno Regional de cuatro Servicios Públicos Regionales, en los cuales se aprecia algún grado de avance, indispensable para las grandes tareas, el fomento productivo y e innovación, el desarrollo social, la infraestructura, que incluye habitabilidad, transporte y medio ambiente, tanto como el impulso a las actividades culturales, ciencia y tecnología.

Este enunciado pone en debida perspectiva la magnitud de la responsabilidad de los actores regionales para llevar estas iniciativas por buen camino, distraídos como pueden estar ante la proximidad de eventos electorales podrían perder la oportunidad de insistir en el cumplimiento de estas metas, indispensables para la idea histórica de largo plazo, salir de un esquema inconducente y repetitivo.


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