La responsabilidad de la educación gratuita

Fecha Publicación: 28/2/2016

Este año se inicia para miles de familias una etapa histórica, muchas veces sin que exista una real percepción de esta nueva circunstancia: educar gratuitamente a sus hijos en la universidad. Es parte de un largo proceso de parto de un esquema ambicioso, que ha ido avanzando con toda suerte de dificultades, ante la envergadura de los compromisos y la complejidad de los procesos que en su momento no fueron debidamente sopesados. El punto es que se ha partido y que para el bien de Chile más vale que este proyecto trascendente tenga pleno éxito.

Se ha mencionado repetidamente el factor calidad, como una forma de frase armada, una divisa emblemática; educación gratuita y de calidad. La primera parte es asunto de dinero, la segunda, aunque también está asociada a recursos, comprende un cambio de mentalidad.

El cambio, como todo cambio, es difícil, en este caso en particular, un tanto más complejo porque parece ir en sentido contrario a la idiosincrasia predominante, el hacer las cosas a medias, el poco rigor, la limitada autocrítica, el menor esfuerzo, el camino más corto, el tiempo más breve, la calidad más aparente que real como producto aceptable para el que lo oferta, a costo de la ingenuidad del que lo adquiere. La mal llamada picardía nacional, estafa o engaño en otras culturas.

En este caso en particular se pondrá a prueba otra de esas características dudosamente decorativas de la chilenidad; aquella de no dar valor a lo que resulta gratis, ya que siempre las cosas valen, solo que los costos no son traspasados por consideraciones sociales o solidarias, esta circunstancia no es apreciada, por lo tanto no se cuida una plaza, se daña el mobiliario urbano, se abusa del espectáculo público.

Es crítico que esta vez la educación gratuita sea debidamente reconocida, que se entienda lo que significa para el país financiar esa encomiable iniciativa, valorar a través del esfuerzo de los estudiantes y el compromiso de las familias, la educación superior. 

Es un desafío considerable, ya que los estudiantes meritorios de gratuidad no suelen provenir de colegios pagados, aquellos que se llevan el tercio superior de los puntajes de la PSU, los mismos que aumentan en 40% el logro de mejores puntajes nacionales. Serán ellos compañeros de curso, con diferentes competencias. Habrá que hacer un esfuerzo mayor para que los estudiantes con mayores falencias estén a la altura de los promedios, se espera de ellos el mejor esfuerzo para que no se les atribuya un fracaso que quite solidez a la argumentación que sostiene la gratuidad.

El primer año en la universidad es una dura prueba para cualquier estudiante, existe una engañosa sensación de libertad para asistir a clases, un aumento notable en la autodisciplina, atractivas posibilidades de nuevas actividades, cada cual más novedosa, una trampa perfecta para quienes no se toman esta oportunidad en serio.

Para las numerosas familias que orgullosamente han visto cómo sus hijos se hacían acreedores del financiamiento de sus estudios en las casas de educación superior, deben igualmente aquilatar la responsabilidad de los grupos familiares en el apoyo de los nuevos alumnos universitarios, en dar valor a este desafiante emprendimiento, que a pesar de ser gratis tiene un costo enorme, que se justifica solamente si tiene éxito, si nuevos jóvenes chilenos alcanzan los niveles de excelencia que el país espera y merece. 
 


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