Umberto Eco para las masas

Fecha Publicación: 28/2/2016

El lunes pasado, millones de italianos siguieron en directo un evento muy particular. No se trataba de una premiación cinematográfica, ni de un festival de la canción, ni mucho menos de una gala para ver a personajes del espectáculo luciendo millonarios vestidos. Se trató simplemente de un funeral, pero no por simple, uno cualquiera. En una sencilla urna, Italia despedía a Umberto Eco, uno de sus intelectuales más relevantes del siglo XX y de mayor difusión en el mundo entero. Un hombre a estas alturas irremplazable, que supo conjugar de manera brillante su trabajo académico de semiólogo, filósofo y doctor en letras, con el de novelista best seller y ensayista inspirado. 

Fue grato ver cómo Italia entera le rendía tributo, desde el presidente hasta el ciudadano a pie, pese a haber sido el más acérrimo enemigo del fútbol en el país más futbolizado de Europa. Ya en 1978, en el ensayo "El Mundial y sus pompas", aclaraba con gracia su posición: "Muchos lectores recelosos y malignos, al ver el distanciamiento, fastidio y digámoslo, mala intención con que trato aquí el noble juego del fútbol, albergarán la sospecha de que yo no quiero al fútbol porque el fútbol jamás me ha querido a mí (...). Ninguna sospecha habrá sido nunca más lucidamente cierta".

Anticlerical hasta la médula (célebre es su frase en El Cementerio de Praga, "Los jesuitas son masones con falda"), sus amigos creyentes se tomaron su desquite en el funeral: "que Dios te proteja y te acompañe en su infinita misericordia, sobre todo porque no crees en Él".

Cuánta falta hacen en nuestro país hombres como Eco, para cuestionar dogmas e imposturas a través de la reflexión, la cultura, el conocimiento, el humor y la ironía.


PIGMALIÓN


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