La lista de peticiones

Fecha Publicación: 27/2/2016

Como una aproximación general, se podría aceptar que en los asuntos a escala humana hay un punto de tolerancia y un punto de inflexión entre lo que se ha estimado como tolerable y el punto de saturación, lo cual puede apreciarse muy repetidamente en la historia de la humanidad.

Era de prever, en el siglo XVI, que fuera cada vez más insoportable el modo como la santa madre iglesia, representada por una cúpula altamente corrupta, había estado comportándose. El modelo, visto desde el punto de las finanzas, no podía ser más recomendable y altamente aplicable a una población iletrada, con profunda inseguridad en este mundo y en el otro, que estaba dispuesta comulgar con cualquier cosa, con tal de obtener un lugar en el único sitio donde se terminaban las miserias, el huidizo paraíso celeste.

Lo malo era que el pasaje para el paraíso en cuestión tenía un costo altísimo, se pagaba de por vida, y los errores, es decir, los pecados, aún la pecata minuta, debían ser redimidos por la confesión, o por donaciones frecuentes y significativas.

Para la clase privilegiada, como siempre, había arreglos menos trabajosos, con una cantidad adecuada del vil metal se podía uno conseguir una visa episcopal, o papal, una absolución absoluta, que era como un pasaje de primera clase para ir derecho al cielo de los justos.

Lamentablemente, a Lutero le llegó el punto de saturación, en 1517. Clavó en las puertas de la iglesia de Wittenberg sus 95 tesis, para corregir lo que era intolerable, se acabó la diversión. No sería de extrañar, por estos lados, que una mano bien inspirada llenara de listas las puertas del palacio de Gobierno.

 


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