El rol de los padres en el desarrollo de hábitos lectores en los niños

Fecha Publicación: 26/2/2016

Ahora que febrero se acerca a su fin y marzo se prepara para imponer sus duros términos a millones de chilenos de todas las edades, vale la pena abordar uno de los aspectos más positivos del más temido de los meses del año: el inicio de los procesos de enseñanza. 

Centrémonos entonces en una etapa particularmente crucial para el desarrollo educativo de los niños: el inicio de la lectura. Una fase que, al contrario de lo que muchos piensan, no está acotada sólo al primer año de básica, sino que se extiende y evoluciona hasta la secundaria. Y es justamente en este largo proceso donde los padres pueden jugar un rol clave y complementario al del colegio, que puede ser determinante a la hora de revertir los malos indicadores que hoy exhibe la educación chilena.

La reciente Encuesta Nacional de Primera Infancia da cuenta de una realidad preocupante en los hogares chilenos, que puede contribuir a explicar las elevadas cifras de alumnos con baja comprensión lectora en enseñanza básica. El sondeo indica que un 40% de los padres nunca lee cuentos ni narra historias a sus hijos preescolares, fenómeno que, en ningún caso, es exclusivo de nuestro país. Similares conclusiones arrojó el estudio Pearson en Inglaterra: uno de cada seis padres admitió no haber leído nunca un cuento a sus hijos antes de dormir. 

¿Es posible que estos niños que no reciben ese refuerzo de sus padres se transformen en buenos lectores? La respuesta es sí, aunque las posibilidades son bastante más bajas que en un hogar que tiene una relación de cotidianeidad con los libros. Es decir, en una casa donde existen libros, la estimulación por la lectura comienza a funcionar de manera natural. Allí los niños observan cómo sus padres se relacionan materialmente con los libros, cómo el leer no representa un trabajo o una tarea pesada, sino un pasatiempo, una inquietud, un momento de relajo o de diversión. Y del ejemplo a la imitación hay solo un paso, la misma corta distancia que separa la imitación de la formación del hábito.

Los expertos recalcan que estos hábitos los niños pueden comenzar a formarlos incluso antes de comenzar a leer, con la experiencia de hojear un texto, interpretar sus imágenes, imaginar un significado para sus frases, relacionar imágenes con letras que les resultan familiares. Una experiencia formativa y enriquecedora que los ayuda a enfocarse, a entrenar su concentración, a estimular la imaginación y a facilitar las conexiones neuronales. Las mismas que se verán potenciadas una vez que aprendan a leer.

Parece tan simple, y sin embargo, dista mucho de ser una práctica generalizada. Y la competencia es mucha. Según estudios del Consejo Nacional de Televisión, los niños chilenos pasan 3,5 horas al día frente a una pantalla. Se sostiene que la TV es un elemento unificador de la familia, pero una cosa es la cercanía física y otra muy distinta la comunicación efectiva de sus miembros. ¿Tienen realmente los niños la oportunidad de nutrirse con los contenidos exhibidos? ¿Están receptivos los padres a explicar lo que están viendo y a responder con paciencia las inquietudes de sus hijos?

No hay duda que, a diferencia de la TV, la lectura, el relato de cuentos o historias, el juego en familia, pueden aportar un poderoso desarrollo cognitivo de los niños y estimular su capacidad de abstracción, concentración e imaginación. En este mes de marzo que se acerca, demostrémosle a nuestros hijos con el ejemplo, que la vida puede ser más entretenida con la TV apagada. 


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