Hacia una sociedad más participativa en los asuntos públicos

Fecha Publicación: 25/2/2016

Un hombre solo está incompleto y no es viable, necesita al otro no sólo para subsistir sino para realizar su proyecto de vida. Es por naturaleza un ser social que encuentra su plenitud en el vivir y compartir con sus semejantes, en el crecer juntos y ayudarse mutuamente, buscando en el intercambio de experiencias y conocimiento las soluciones a los problemas del diario vivir. Esta búsqueda debe ser comunitaria y en ella nadie sobra y nadie debe restarse a participar, ya que todo aporte es importante y enriquecedor. En eso consiste esencialmente la política en su vocación de servicio al bien público, en encontrar juntos, en el diálogo, las soluciones a los problemas de la nación, convenciendo y no imponiendo.

Una buena definición de política es aquella que dice que es el arte de lo posible; es buena porque para encontrar soluciones al estilo ganar-ganar es necesario saber ceder y avanzar poco a poco, con paciencia, hacia el objetivo que se busca, dejando de lado las intransigencias y los puntos de vista inflexibles.

No hemos llegado al fin de la historia, como afirmó hace algún tiempo Francis Fukuyama en su libro "El Fin de la Historia" porque no es cierto que las concepciones ideológicas estén muertas o destinadas a morir. Las posiciones de izquierda y derecha, con todo su abanico de matices y diversidades seguirán existiendo, la pluralidad es hoy más evidente que nunca y las minorías exigen ser escuchadas y respetadas. En este sentido el debate político es indispensable y la polis necesita un ágora donde los hombres puedan exponer sus concepciones, sus ideales y sus conceptos, escuchándose con respeto unos a otros.

Pese a lo afirmado, es preciso reconocer que en las últimas décadas viene ocurriendo un gran cambio: la carga ideológica de los partidos políticos ha disminuido su intensidad y se ha dado paso a la búsqueda de soluciones concretas a los problemas concretos del hombre: superar el miedo y la inseguridad que genera la delincuencia; el tráfico de drogas y la pornografía infantil; la promoción de la familia y la situación de los pueblos originarios; la mejora urgente de la educación y la salud pública; el término de la pobreza y el reparto más equitativo de la riqueza; la escasez de energía; el convencimiento de los ecologistas para que, tomando los debidos resguardos que exige el cuidado del medio ambiente, dejen levantar la matriz energética que necesita el país para seguir creciendo. Como se ve, los problemas de Chile son ingentes y complejos, y requieren una urgente e inteligente solución.

Al debate público todos estamos llamados, toda voz debe escucharse, todos deben sentirse convocados para encontrar juntos la solución a los problemas de Chile, y el que no participa debe sentirse moralmente impedido de quejarse por los problemas que no se solucionan. 

Las formas de participar son múltiples y hay para todos los gustos: cartas al diario, uso de las redes sociales, participación en las organizaciones intermedias (juntas de vecinos, centros de padres, clubes), fundaciones y corporaciones de beneficencia, etc. La militancia política es otra vía importante y el que tiene vocación para ella, debe hacerlo con seriedad y responsabilidad, para superar el descrédito en que han caído todos los partidos políticos y sus actores. 

Las cifras de abstención deben ser causa de profunda reflexión y preocupación porque nada justifica que un tan alto porcentaje de ciudadanos chilenos se resten voluntariamente a determinar a través del voto, el destino que quieren para el país. Debemos ser capaces de revertir ese desinterés por participar en los asuntos públicos y procesos electorales.


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