El largo camino para cambiar los hábitos lectores en el país

Fecha Publicación: 24/2/2016

Según la Segunda Encuesta de Comportamiento Lector 2014, los porcentajes más altos de lectura de libros por motivos de estudio se sitúan en los rangos etarios de 9 a 13 años (93,8%), 14 a 18 (77,3%) y 19 a 25 años (60,9%). Cifras que pueden tener su explicación en el alto grado de escolarización esperable en estos tramos de edad. 

Sin embargo, estas estadísticas disminuyen drásticamente cuando la población declara leer por motivos de entretención u ocio, situación en que los márgenes etarios van de 9 a 13 años (40,5%), 14 a 18 (49,3%) y 19 a 25 (55,3%), mientras que la cifra de lectura por este motivo es más estable para la población que comprende los tramos de edad de 26 a 40 años (54,9%), 41 a 55 (48,8) y 56 a 65 años (48,7%).

La explicación de este fenómeno tiene entre sus factores principales las carencias socioeconómicas y culturales. En este sentido, la población del segmento E que declaró haber leído al menos un libro al año alcanzó sólo el 29,8% frente al 70,3% del ABC1. Asimismo, se advierte que a medida que el nivel educacional aumenta, la proporción de personas que declaran haber leído un libro en el año se triplica, pasando de 27,8% –entre quienes tienen educación básica completa–, a un 77,8% entre quienes tienen educación universitaria completa. Se constata así que existe una relación directa entre el nivel de comprensión lectora, el éxito escolar y las condiciones socioeconómicas y culturales de lectores y lectoras.

Los datos anteriores son parte del marco investigativo de la Política Nacional de la Lectura y el Libro 2015-2020, impulsado por el Consejo de Cultura. Para concretarla, se inició un proceso sistemático de levantamiento de información de amplia cobertura, contemplando la diversidad cultural y territorial de nuestro país. 

700 personas del mundo de la lectura y el libro de todas las regiones del país fueron convocadas para participar activamente en la elaboración de este documento, a través de mesas temáticas que abordaron los principales ámbitos de la política, como lectura, creación, patrimonio bibliográfico, industria e internacionalización y marco jurídico institucional.

Así, se generó un diálogo y un compromiso colectivo en torno al desafío cultural/educativo que enfrenta la sociedad chilena y el rol que le compete a la lectura, como uno de los motores creativos para la construcción de una sociedad más equitativa.

Las entidades que son parte de esta Política Nacional de la Lectura y el Libro son el Cnca, el Ministerio de Educación, la Dibam, Corfo, la Dirección de Cultura de la Cancillería (Dirac), ProChile y el Consejo Nacional de la Infancia. Todas ellas deberán determinar alianzas, conseguir recursos, definir acciones y contratar estudios o proyectos para la ejecución de sus medidas.

Entre sus objetivos, destacan la regionalización, con una permanente coordinación intersectorial a nivel territorial. También la sostenibilidad, creando condiciones para que el Estado garantice su permanencia y proyección en el tiempo, asegurando los recursos técnicos, financieros, administrativos, institucionales y humanos necesarios para su implementación, seguimiento y evaluación.

La idea es que también este marco sea clave en la Reforma Educacional con el fin de cambiar el preocupante escenario actual.


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