Los deberes y derechos a tener en cuenta por la ciudadanía

Fecha Publicación: 22/2/2016

Es evidente que la clase política tiene capacidades y competencias que no se encuentran con facilidad en el común de la ciudadanía. Por el momento, resulta necesario, para mayor análisis, dejar de lado su vocación de servicio o su probada formación cívica.

En el actual escenario a nivel país, hay dos aspectos que lamentablemente están cobrando mucha fuerza en el perfil de la cosa pública en el país. El primero, su asombrosa capacidad para absorber, sin esfuerzo y bastante tranquilidad, cualquier tipo de acusación, incluso las más graves. Y el segundo, la corta memoria.

En el ideario colectivo, es posible ver algunas imágenes de la revolución francesa; la ácida crítica al sistema imperante respecto al papel de los personajes que estaban motivando una de las conflagraciones sociales más significativas de la historia. 

Se ilustra una pirámide de seres humanos en cuya cúspide está el rey y los elegantes miembros de la nobleza. Más abajo aparecen miembros de la alta burguesía y en la base, con vestimentas misérrimas, las personas anónimas que representaban al pueblo.

En dicha estructura, los políticos y autoridades gubernamentales tienden a olvidar que se deben al esfuerzo colectivo de la ciudadanía. No tienen presente que fue su voto, su confianza lo que les puso allí para el mejor funcionamiento de la sociedad, y el logro del bien común.

Considerando este vital aspecto, la ciudadanía tiene todo el derecho a expresar su disconformidad por los medios que la ley contempla y le permite. Uno muy importante resulta ser las consultas de opinión, que por lo general se traducen en encuestas. Con elecciones a la vista este año, un instrumento que permite medir el pulso de lo que piensa la gente en varios campos, entre ellos el político.

Se ha venido observando la consistente baja en popularidad de la Primera Mandataria, si bien sus números han repuntado en las últimas mediciones al respecto. Más allá de eso, en el fondo mucho de la opinión negativa corresponde a un mal desempeño de aquellos y aquellas que se supone fueron escogidos precisamente con el objetivo de desarrollar un gobierno exitoso, haciendo crecer al Ejecutivo. 

A la espera de leyes especiales, por si hiciera falta, a toda persona, más aún a toda autoridad, le es exigible la dura práctica de decir la verdad y actuar a prueba del más atento escrutinio. De esta situación no se sale si solo se confía en la tradicional amnesia de la ciudadanía, que al momento de ir a las urnas muchas veces suele olvidar todo lo que criticó durante el tiempo en que su candidato, por el cual probablemente vuelva a votar esta vez, estuvo en una posición de poder.

Lo que resulta particularmente frustrante es que esta realidad, que afecta principalmente al gobierno central, también produce un efecto rebote, cuya principal consecuencia es la demora las iniciativas pensadas para las regiones. Ello porque lo que sucede a nivel superior debilita, por extensión, a los representantes locales y deja en posición muy desfavorable la priorización de asuntos propuesta por la descentralización, desplazados por dificultades individuales. Ojalá que ello no sea una tendencia que se mantenga por mucho tiempo. 
 


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