El valor de estudiar el territorio

Fecha Publicación: 19/2/2016

Mucho se habla de una sociedad cada vez más informada y, por ende, empoderada, lo que ha provocado, entre otros efectos, que se haya ampliado la oposición a proyectos de inversión. Pero pocas veces se habla de las causas.

Una de éstas está, sin duda, en la escasez de conocimiento científico sobre un territorio determinado donde se emplaza uno u otro proyecto.

Eso es el puntapié inicial para toda futura Declaración o Estudio de Impacto Ambiental, paso primero para cualquier titular que desee proyectar una inversión.

El resultado casi siempre suelen ser iniciativas aprobadas, pero que al poco andar dejan ver sus impactos ambientales, algunos previstos, otros no, que comienzan a complicar al proyecto en sí y, por supuesto, a las comunidades aledañas.

Es imperativo, entonces, que el Estado y los privados entiendan que no se debe ser livianos en este asunto, porque en eso radica, en definitiva, el respaldo necesario que una inversión necesita para asegurar su continuidad y en equilibrio con su entorno.

Preocupante resulta, por ejemplo, que ante el notorio desarrollo de Energías Renovables No Convencionales, nadie se esté preocupando de los impactos ambientales de una sumatoria de este tipo de emprendimientos en una zona geográfica acotada. Es decir, no da lo mismo un parque eólico que seis en una misma zona. Hay que hacerse cargo de los efectos sinérgicos que puede provocar diez mini centrales hidroeléctricas en un mismo río. No sea cosa que después descubramos que, tal vez, una sola central hubiese permitido un menor impacto ambiental por la misma cntidad generación eléctrica.

En definitiva: más investigación significa mejores decisiones.


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