Desafíos en ciernes para transformarse en una mejor ciudad

Fecha Publicación: 18/2/2016

Los primeros españoles que llegaron a estas tierras, empujados por el espíritu aventurero de don Pedro de Valdivia, no parecían complicarse demasiado a la hora de pensar en la fundación de nuevas ciudades y sus proyecciones. Sin ir más lejos, el alarife, el hombre encargado de trazar el primer plano de las nuevas ciudades, no parecía ser un personaje particularmente prestigiado ni de cargo apetecido. Al menos, no más que el herrero o el panadero municipal. 

Pero el Concepción actual dista mucho de aquel trazado de damero del alarife. Y no sólo por el cambio de su emplazamiento tras el terremoto- maremoto de 1751. Las variables son muchas, y esta urbe pasó de aquel miserable villorrio a una ciudad en propiedad, con pretensiones –más o menos satisfechas- de belleza. 

Una ciudad que se extiende y desarrolla entre medio de ríos, cerros y lagunas, y que por lo mismo precisa de una matriz ambiental que tome en cuenta a los habitantes y a las características del sitio, y que también promueva la generación de espacios de permanencia para los distintos grupos y barrios. Los artistas, los atletas, los mayores y los más jóvenes tienen derecho a la ciudad, y es función de la autoridad facilitar alternativas para que todos ellos puedan desarrollarse, sin dañar infraestructura urbana. Asoman también algunos desafíos interesantes como la revalorización del cerro Caracol y del Parque Ecuador.

Cada día la ciudadanía toma más conciencia de la importancia del patrimonio urbano y arquitectónico de su comuna, que en una zona tan expuesta a terremotos, se torna un bien escaso que es necesario resguardar. Se requiere por lo mismo un liderazgo visible del alcalde y el municipio, a fin de que las nuevas inversiones respeten el entorno y legado patrimonial. 

La materialización de una idea de ciudad es resultado de un proyecto urbano claro. Si ello no existe, no es posible proyectar un desarrollo armónico y coherente. En materia urbanística, las municipalidades centran su trabajo principalmente en tres ejes: participación ciudadana (necesaria para validar los proyectos), espacio público y medio ambiente. El derecho a la ciudad lo ejercen todos, y, en efecto, son sus habitantes los que deben dar las luces y orientar cualquier proyecto urbano. Las obras no pueden imponerse ni tampoco hay espacio para ensayar ideas caprichosas con los recursos siempre limitados con que se cuenta.

Pero no basta mejorar los canales para facilitar el diálogo entre la autoridad y los ciudadanos para avanzar en planificación urbana. También se hace necesario dar continuidad al Plan Regulador Comunal y materializar las obras que en ese instrumento de planificación territorial aparecen como urgentes, y que por distintas razones se han ido postergando.

Para hacer todas las mejoras que la ciudad requiere, el Plan Regulador Comunal aparece como instrumento demasiado rígido. De ahí que se haga necesario establecer un instrumento adicional y no normativo, una carta de navegación que establezca con claridad cómo se concreta y se construye la ciudad que sueñan los penquistas. Y también se requiere reforzar el accountability, es decir, la transparencia para informar a la ciudadanía de los avances de los proyectos, así como de las razones por la que éstos se retrasan, estancan o quedan en el camino.


  Imprimir noticia   Descargar versión PDF