Soterramiento en ciernes: Concepción más cerca del Bío Bío

Fecha Publicación: 17/2/2016

Todos los penquistas sabemos –o debiéramos saber- que nuestra ciudad se fundó en el sitio de Penco un 5 de octubre de 1550. Y que se trasladó al Valle de la Mocha a mediados del siglo XVII, tras los terremotos y maremotos que en 1570, 1657, 1730 y 1751 la destruyeron sucesivamente. 

Sabemos que el trazado elegido para emplazarla fue una cuadrícula regular con una plaza de armas al centro y solares asignados tanto a vecinos como a las instituciones del Imperio Español.

Nos cuesta entender, en cambio, por qué la ciudad de Concepción pareciera no haber otorgado un rol de importancia al río Bío Bío. Lo que queda claro al contrastar el sitio, es decir, su emplazamiento, y la posición del tejido urbano original de la ciudad, es decir, sus calles, manzanas y predios. Los alarifes que trazaron la ciudad decidieron sustraer a los habitantes los peligros de inundaciones y anegamientos, alejándola del cuerpo de agua. Criterio que el Estado no tuvo al planificar poblaciones -en la década del ochenta- que se inundaban constantemente y cuestión a la que empresas privadas no dieron importancia al construir en los bordes de otro río penquista, el río Andalién.

Así las cosas, y de manera injusta, la idea recibida es que los penquistas hemos dado la espalda al río Bío Bío y que sólo desde la década del noventa, a través del Programa de Recuperación Urbana Ribera Norte mediante, se ha intentado llegar al borde agua. Y llegar bien, es decir, a través de una intervención voluntaria, multidisciplinar, anclada en el tiempo, en el espacio y teniendo en cuenta una morfología social particular que se buscó consolidar. Urbanismo, en el más puro sentido de la palabra.

Entre el puente Viejo, hoy inexistente, y el puente Llacolén se proyectó y más tarde se materializó una estructura urbana, dos parques, se pusieron en venta lotes de grandes dimensiones para la llegada de equipamientos y edificios habitacionales, se rehabilitó, se reacondicionó y se amplió la Estación de Trenes, símbolo de un Barrio Cívico naciente. La línea férrea existente se desplazó, pero quedó a nivel, y soterrarla quedó pendiente, pese al amplio consenso técnico y político que encuentra incluso hoy esta obra de infraestructura. Así, nuevos habitantes y usuarios llegaron a este espacio urbano surgido ex nihilo, pese a que instituciones del Estado importantes que pudieron haber contribuido a vitalizar y dar sentido al lugar optaron por localizarse en otros puntos de la ciudad. 

Hoy, Concepción se encuentra en un momento que, a juicio de los urbanistas, bien podría calificarse de histórico, tras la aprobación del Consejo Regional de los recursos para financiar el primer estudio de ingeniería para el soterramiento. Si bien el desafío de convertir a Concepción en una verdadera ciudad fluvial, de "cara al río", requiere de mucho más que una línea enterrada, la posibilidad que se abre de llegar al río Bío Bío desde el centro de Concepción, sin barreras y de manera continua, abre inmensas oportunidades de desarrollo urbano. En definitiva, el utilizar una vía férrea soterrada a plena capacidad y rica en conectividad, es una oportunidad que los habitantes pencopolitanos no pueden ni deben perder. Una tarea que debe ser prioritaria para nuestras autoridades.


  Imprimir noticia   Descargar versión PDF