Darle el valor que merece la gratuidad

Fecha Publicación: 14/2/2016

Mucho se ha debatido sobre el proyecto de gratuidad en la educación superior. 

Y más allá de las consideraciones que vienen del mundo político, que 160 mil jóvenes puedan estudiar sin tener que asumir una tremenda deuda a futuro sin dudas es una buena noticia.

Es de esperar que quienes resultaron beneficiados asuman con total responsabilidad lo que significa esto. Que no lo tomen como algo gratis que les llegó de regalo, y que de verdad pongan su mayor esfuerzo en sacar adelante sus compromisos académicos en los plazos que corresponde y sacándole el máximo de provecho a esta oportunidad.

En ese sentido, parece justo que el beneficio de la gratuidad se extienda sólo por el periodo que dure la carrera del alumno, y que en caso que se atrase la diferencia sea cubierta por él mismo, y también que pueda aplicarse a una carrera por estudiante.

Muchas voces se han mostrado contrarias a esto, pero es pertinente que la gratuidad imponga condiciones y que el estudiante deba cumplir con ciertos parámetros. Es lo mismo que ocurre con las becas, donde a veces no sólo se exige que el alumno saque al día su carrera, sino que también obliga a no reprobar ningún ramo -la gratuidad lo permite, siempre que no implique atrasos- e incluso a tener un promedio mínimo de notas.

Mucho se luchó por lograr este beneficio, que se espera con el paso del tiempo sea universal. Por eso, quienes lo consiguieron deben valorarlo como tal, pues los estudiantes del pasado que siguen pagando por sus carreras, incluso diez años después de salir de la universidad, qué no darían por haber tenido esta opción.

NEPTUNO


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