Acciones necesarias para recuperar la confianza

Fecha Publicación: 24/8/2015

El juego de ajedrez con sus combinaciones infinitas y sus complejidades, ha dado lugar a un gran número de alegorías, sobre todo cuando las circunstancias empiezan a sufrir cambios rápidos y no todos explicables, se aplican cuando se observa la importancia de la lógica del juego y de sus reglas, de los desplazamientos aplicables a las figuras, los movimientos tácticos con el fin de atacar o defender.

En las diversas propuestas políticas que han venido surgiendo, es perfectamente posible pensar en un clásico partido de ajedrez, de esa clase especial de juego donde rara vez hay jaque mate, siendo lo usual el interminable postergamiento del fin del juego, en ese sentido, los cónclaves, las mesas de trabajo, las declaraciones conjuntas y los puntos de prensa, no es otra cosa que utilizar las inúmeras posibilidades del ajedrez político.

En esta fase del partido se ha ejecutado un movimiento de enroque, un movimiento defensivo frente a un ataque masivo y poderoso, a uno de los flancos débiles del tablero; la falta de confianza de los ciudadanos en las autoridades y las instituciones, especialmente las públicas, un factor altamente preocupante en un gobierno que ha apostado por aumentar la participación del Estado en la administración del país.

No es difícil encontrar las causas de esa desconfianza, por solo citar algunos buenos motivos, a cualquier nivel y situación; la diferencia entre el decir y el hacer, el descubrimiento de malas prácticas, de corrupción y, para agregar un factor que no se había presentado antes con tanta fuerza, los cambios numerosos de las reglas del juego. Cualquiera de estos factores por si solos y peor todavía si todos juntos, pueden explicar la condición de inseguridad y desconcierto que se vive en varios planos del accionar nacional.

Particularmente crítica es la recuperación de la credibilidad por parte de personeros e instituciones, el presidente de la Cámara Alta reiteró que "sabemos que hay una crisis de confianza importante en la política y que la única forma de poder revertirla es con acciones concretas, no quedarse solamente en los anuncios y poder transformar las ideas en proyectos en materia de probidad y transparencia", aunque todavía falte por probar cuanta voluntad auténtica existe para que esos eventuales proyectos sirvan para algo. 

Los presidentes del Senado y la Cámara han declarado su esperanza "que todo esté aprobado este año", que han solicitado al Gobierno la máxima urgencia, ya de ese modo el Poder Legislativo se ubicaría entre los cinco del mundo con los estándares más altos de probidad y transparencia. 

Existe también en esas aseveraciones otro elemento, aquel de las consecuencias, de la palpable evidencia que no debería haber impunidad ni sutiles resquicios que permitan el refugio usual de los culpables, especialmente cuando estos representan entornos de poder e influencia. Ese solo signo quebraría esta cadena de sospechas que ha socavado la credibilidad de la ciudadanía en la cosa pública.

Se ha propuesto una serie de medidas descrita s en su oportunidad como draconianas, cuando en realidad no es otra cosa que justa consecuencia, por acciones punibles. Cuando ocurra, se recuperará la autoridad moral para exigir a todos igual comportamiento, a todo nivel, un cambio que puede tener más consecuencias que todas las reformas juntas, ya que muchas de ellas no habrían sido necesarias tal y como se han propuesto, si el recto proceder fuera en este país como una segunda naturaleza.
 


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