La dura lucha para salir del círculo de la pobreza

Fecha Publicación: 9/2/2016

El año recién pasado se cerró nublado y con precipitaciones por falta de luz en los asuntos que estaban siendo discutidos y por conclusiones y acciones precipitadas. La opinión pública fue traída a colación en múltiples oportunidades, no pocas veces con fines utilitarios, pero en el fondo hay un pulso de la ciudadanía en lo relativo a asuntos gravitantes de la realidad nacional, que se deben tomar en consideración al momento de fijar políticas públicas.

Una situación que ha sido de mucho impacto, por decenios, es aquella de la pobreza, que ha cambiado para bien en cuanto a magnitud y extensión. El país en ese aspecto es mejor que antes, pero aunque así sea, queda aún un colectivo de tamaño apreciable que no tiene acceso a los mínimos indispensables. Con la tendencia a usar eufemismos, son las poblaciones vulnerables, descriptor considerado más eufónico que pobreza.

En una entrevista reciente, al escritor colombiano Fernando Vallejo describe clases sociales, y en cuanto a los pobres, declara: "para referirme a ellos en concreto, me indigna el lugar común de equipararlos a la bondad. Los pobres son una horda paridora, irresponsable y zángana". No es para tomarlo en serio, sus declaraciones suelen ser laboriosamente rupturistas y provocadoras, pero aun así coinciden en algunos aspectos con opiniones colectivas en el ámbito nacional.

En la última encuesta CEP de finales del año pasado, en una pregunta que pretendía calificar a las personas pobres, se observa que un 40% de los encuestados sigue asociando pobreza a flojera. Benito Baranda, en un comentario publicado recientemente hace una reflexión atendible al observar que la gran mayoría de las personas del continente americano proviene de la pobreza, que en muchas de las familias actuales, de la clase media, hubo pobreza, de la cual se ha salido por trabajo y oportunidades. En efecto, los prejuicios negativos se destruyen por sí solos cuando se constata, por ejemplo, que en el siglo recién pasado, en Chile, la pobreza medida según ingreso, pasó del 60% al 14%. Por otra parte, los prejuicios son bidireccionales, la descalificación puede referirse tanto a la pobreza como a la riqueza, al concluir que la principal fuente de esta última es el robo, la trampa, la corrupción, el soborno, la evasión tributaria, entre otras malas prácticas.

Salir del círculo de la pobreza es y sigue siendo un enorme desafío, pero no es una barrera insalvable, Chile es una muestra clara que los pobres no son, en la cruel caricatura de Vallejos, una clase sin retorno, en períodos relativamente breves puede cambiar dramáticamente la situación social de grandes colectivos nacionales.

Las grandes palancas para movilizar esa dinámica es la producción de riqueza y la educación, estrechamente unidas, por un lado para financiar la educación, por otro, la educación como requisito para mejorar las competencias del recurso humano laboral, no es entonces nada de asombroso que en ambas reformas, la laboral y la de la educación haya existido, desde su propuesta, un evidente interés y una mirada escrutadora y crítica, justamente porque en ambos aspectos reposa el desarrollo de Chile.

Se retomarán los grandes temas al regresar al próximo período legislativo, es muy posible que se haya aprendido a hacer las cosas con los tiempos y los actores relevantes, son demasiado caras las consecuencias de equivocarse con asuntos tan fundamentales como la educación y el trabajo.


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