Débiles probabilidades para la rehabilitación de los presidiarios

Fecha Publicación: 6/2/2016

Puede que sea proverbio chino, lo que sí importa es que a veces parece ser decididamente verdadero: una imagen vale más que mil palabras. Nada podría representar mejor el estado deficiente de las cárceles en Chile que aquellas fotografías que ilustran los resultados de reciente una visita inspectiva al Centro de Detención Preventiva Santiago Sur.

Lo mismo o peor pasa en algunas regiones, como bien pudiera haberlas un poco menos deprimentes, a lo largo del territorio nacional. En este caso, la realidad queda dramáticamente expuesta en el informe realizado por la comisión de visita de cárceles de la Corte Apelaciones de Santiago en su recorrido semestral realizado en diciembre pasado.

Es la otra cara de la demanda ciudadana, hastiada con una delincuencia creciente y temeraria que exige el cese de la puerta giratoria, aquella que permite a los jueces dejar libres a malhechores de nutrido prontuario por factores técnicos, muy de acuerdo con el espíritu de la reforma procesal, pero con falencias en su aplicación que resultan en dejar de vuelta en la calle a individuos para ejercer la delincuencia como un modo normal de vivir.

La otra cara es inhumana, es el resultado del intento de endurecer las penas asignadas a los delitos haciendo de la pena de cárcel el principal instrumento. Si no existiera evidencia de puertas giratorias el problema sería aún mayor. No se trata solamente de cambios de criterio, de corrección de anomalías que resultan en barreras fácilmente perforables, sino de tener los medios para castigar sin destruir, para dejar abierta la puerta que se requiere: la de la rehabilitación y la segunda oportunidad para reinsertarse en la sociedad en vez de transformar los recintos carcelarios en las célebres universidades del delito.

En el estado de la situación del país la encarcelación ha resultado en hacinamiento, malas condiciones y una situación generalizada y sistemática de vulneración de los derechos de las personas privadas de libertad, en los crudos términos del informe; "que en ocasiones, llega a estar reñida con lo más elementales estándares que exige dignidad humana. La cantidad de internos que duermen casi apilados, unos sobre otros, en reducidos espacios, con nula ventilación y luz natural, en condiciones insalubres, con presencia de chinches y otros parásitos".

Por otra parte, está la situación de los funcionarios de las cárceles. Resulta imposible imaginar que ese cuadro patético no les afecte, que la humillación, la ira, la rebeldía y su producto natural, la violencia, no les afecte directa y cotidianamente, que no influya en su manera de actuar. El informe lo resume: "no puede dejar de observarse las precarias condiciones en que pernoctan los funcionarios de Gendarmería dentro del penal... Las dependencias por ellos habitadas están en pésimo estado de mantenimiento, hacinadas, sucias y carentes de luz…, situación ésta que en algunos casos no se diferencia mucho de aquella forma de vida que actualmente mantienen los reclusos".

Chile aspira a ser reconocido como un país serio, avanzado, no solo en la seriedad de su economía, sino en los indicadores de su madurez social y política, en ese contexto, o en cualquier otro, la situación de algunos de sus recintos carcelarios es impresentable.


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