El necesario lugar de la innovación y el emprendimiento

Fecha Publicación: 5/2/2016

Es válido interrogarse y útil referirse de nuevo a problemas ya descritos con claridad. La respuesta correcta es que sí, por irritante que parezca, por cansador que sea tener que volver sobre asuntos antiguos, es necesario. Porque el problema sigue allí, y es inadmisible que continúe en esa condición con las autoridades a cargo impertérritas, como si ese problema no tuviera importancia.

En el Índice de Innovación 2016, publicada por Bloomberg, se enumera y clasifica a los países según su capacidad de innovación. Es casi ocioso señalar que en esa lista no es posible encontrar a Chile, por lo menos no en los primeros 50. Tampoco es justo esperar que el país se instale en esas ligas mayores encontrándose en plena lucha por abrirse un espacio entre las naciones desarrolladas, enfrentando situaciones complejas endógenas y foráneas.

Traer este tema a colación es pertinente porque justamente los requisitos para llegar a las posiciones antes descritas son la innovación y el emprendimiento. Ambos aspectos deberían ser temas centrales de discusión en el país, situación que no ocurre. En el ruido de la artillería argumentativa en pro y en contra de las iniciativas para la Reforma Educacional, muy ocasionalmente se menciona calidad, casi por razones protocolares, y menos los indicadores de esta calidad en la educación superior, el sitio donde naturalmente deberían generarse impulsos de innovación y emprendimiento.

Ambos aspectos, innovar y emprender, deberían ser parte de la política de Estado, ya que sin ellos es imposible proyectar al país en ruta sostenida y sostenible hacia el desarrollo. Con la capacidad de competir con todos los países del primer mundo que no tienen la menor intención de ceder buenamente espacio a candidatos a compartir sus nichos de operación, encontrar un lugar bajo ese sol no es un asunto de fácil despacho, ni se obtiene por convenios internacionales.

Principalmente, las universidades, de las cuales la Región tiene una muestra muy representativa, están llamadas a generar esos cambios, pero requieren una política de Estado que las respalde. Se ha dicho el exiguo aporte para investigación, se conoce de la precaria situación del principal órgano estatal en la materia, Conycit. Realidades que describen la falta de énfasis en este desafío que es indispensable resolver.

El cambio de política, tanto como el de actitud de los centros de formación superior, es un requisito para instaurar a cabalidad mejoramientos en las modalidades de enseñanza. No solo las innovaciones metodológicas o los recursos de apoyo tecnológico, sino los problemas de base, como la conexión universidad-industria, la investigación con impacto, la interdisciplina y la globalización, entendida ésta como la vinculación entre estudiantes y académicos de diversas latitudes para estar en sintonía con las directrices universales, el amplio universo contemporáneo, diferente al pequeño universo en el cual actuaba la universidad medieval.

El tema actual es gratuidad, intenso pero en parte ciego a los desafíos del futuro, por un lado las necesidades inmediatas de la igualdad de oportunidades, pero por otro, la crítica necesidad de poder hacer las cosas mejores o diferentes a las que ya existen.


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