Usos impensados del tacto

Fecha Publicación: 5/2/2016

La investigación tiene aspectos que muchas veces sorprenden por su aparente inaplicabilidad, rayan en lo absurdo, sobre todo antes de entender las razones. Un investigador alimentó a conejos con dietas altas en colesterol, en todos los aspectos los conejos eran iguales, edad, color, peso, ese tipo de cosas que se denominan variables y que deben controlarse para dejar una sola cosa diferente, que es lo que quiere investigarse, en este caso el cariño. 

En efecto, lo único diferente en estos conejos es que un grupo era acariciado con mucha frecuencia por el investigador y los otros conejos no. Los conejos regalones, al final del experimento tenían 50% menos arterioesclerosis que los otros conejos, alimentados igual, pero no acariciados. 

Sin pretender ofender a nadie, los primos cercanos de nuestra especie, monos de diferentes tipos parecen absortos en prestarse socorro táctil los unos a los otros, tanto el dispensador de cuidados, revisando a su prójimo meticulosamente, como el objeto de tan concentrada atención, están sumergidos en una experiencia total.

La evidencia indica que es necesario para estar sano tener contacto con los demás, se ha insinuado que por pudor de hacer evidente esa necesidad básica de ser tocados, se recurre a peluqueros, barberos, masajistas, los cuales, indirecta y oblicuamente cumplen un papel que va más allá de lo aparente.

Menos mal que en este país somos abrazadores y besadores. No hay que mirar en menos esa a veces más que entusiasta actividad social, puede que tenga impacto en nuestra salud mental y muy posiblemente en todo el resto de la salud.


PROCOPIO


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