La larga espera para avanzar hacia una ciudad inteligente

Fecha Publicación: 2/2/2016

Como es usual, con la esperanza nunca perdida que alguna vez exista una estrecha consecuencia entre lo que se dice y lo que se hace, o para ser más razonables, esperar que entre las promesas y su cumplimiento haya una plazo más breve, hay que recordar iniciativas que generaron gran interés y que al quedar en las declaraciones, se pierden en los acontecimientos cotidianos, hasta relegarse en algún recodo burocrático.

Los turistas que se fotografían en los íconos urbanos, el testimonio con manos alzadas y signos digitales de victoria, que ha llegado a ser parte de la postal para amigos y envidiosos en la red, a poco andar también descubrirán otros aspectos no tan atrayentes, pero también presentes en sus ciudades de origen. Lo cual no exime a la perla del Bío Bío de hacer mejor que nadie su transformación urbana y ponerla en el sitio que corresponde, dada su importancia en el escenario nacional.

Se ha informado de la intención de liderar, a nivel país, un cambio de paradigma en cuanto a las características y funciones de la ciudad, en el marco del concepto cada vez más necesario de las ciudades inteligentes (smart cities), que considera indispensable integrar, en la gestión y accionar de la ciudad, un desarrollo sostenible que conjugue aspectos de ecología con las demandas de bienestar de sus habitantes y las necesidades de instituciones y empresas, en el plano económico y en aspectos operativos y sociales.

A inicios del año pasado, en un trabajo de seminario en una universidad local, Pedro Vidal, coordinador del programa de Ciudades Inteligentes del Ministerio de Transportes, hizo una afirmación clásica de la alta política, con los deseos de la mayoría y deja por definir los aspectos fundamentales de su realización: "Se requiere refrescar la forma en que las construimos, abrir las puertas, que la gente opine, que diferentes actores, tanto del Estado como de la academia, industria y de la ciudadanía empecemos en conjunto a construir la ciudad". 

Como es de esperar, al revisar las declaraciones, vencido el plazo para saber si de aquello ha surgido algo más que intenciones, no hay evidencia de una agenda o un pre-proyecto que identifique quiénes y de qué modo se pretende avanzar en esta propuesta, que desde la partida pareció tener claras cuáles eran las dificultades, ya que "tienen que ver con cambios culturales, temas como: seguridad en el transporte, convivencia entre modos de desplazamiento o cuidado del mobiliario urbano, entre otros".

Pasado el tiempo razonable, entrando a la etapa de archívese y olvídese, es recomendable actualizar este asunto, partiendo por ver que el autor de las declaraciones es un coordinador del Ministerio de Transporte, situación esclarecedora en sí misma, ya que las ciudades inteligentes, como su descripción permite intuir, requiere harto más que las competencias de un ministerio, dada la amplitud de su concepción.

Si se da una mirada, aunque sea distraída, a las actividades de los políticos locales y autoridades regionales, es posible que, en general, parecen estar respondiendo más a las ágiles y tradicionales maniobras políticas para no perder terreno, que a las grandes tareas y desafíos de la Región y sus ciudades. En este caso, ciudades inteligentes con políticos con inteligencia de visión futura.


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