Evidencias de la vida sin internet

Fecha Publicación: 2/2/2016

El origen de la palabra vacaciones es la existencia de un espacio vacío, la idea de estar desocupado, vacío en cuanto a tareas laborales, de ahí su extraordinaria popularidad, su indispensable presencia y la espera impaciente por su llegada, para cambiar positivamente de vida, aunque sea unas pocas semanas y renovar energías.

Lo que no saben los vacacionistas, por la mayor parte improvisadores en cuanto a la utilización de su tiempo libre, es que más de alguien se ha preocupado seriamente ante la perspectiva de perder contacto con ellos, no con fines netamente filantrópicos, sino más bien con propósitos utilitarios. Imaginar a miles de personas, sueltas por allí, sin posibilidades de engancharlas a nuevos y vigorosos hábitos de consumo, es aterrador e impensable.

En gloria y majestad, surgidos de los altos e inalcanzables templos de la tecnología, en ediciones cada vez más cautivantes polifacéticos "smartphones", convertidos, gracias a la magia de la manipulación sabia y abusiva de la comunicación y el mercado, en el elemento imprescindible en la maleta estas vacaciones para el 40% de los viajeros, de los que seis de cada diez que lo usan cada día. Si podemos creer las cifras entregadas por InterContinental Hotel Group (IHG), entre más de 10.000 viajeros de 13 países.

Un artilugio lo suficientemente adictivo como para reemplazar la naturaleza frente a la ventana, convertir el lago, el río, el ventisquero, el desierto, en accidentes geográficos molestos que pueden entorpecer el contacto en red con otros cautivos, que están en vacaciones, o no, porque en el fondo, da lo mismo, convencidos que sin internet, no hay vida.


PROCOPIO
 


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