Desigual distribución de la población, constante del subdesarrollo

Fecha Publicación: 23/8/2015

No es necesario ser un provinciano químicamente puro, o vivir en un pueblo de pequeñas dimensiones, para sentir sensaciones de agobio cuando se llega a la capital de Chile, por sus dimensiones en kilómetros cuadrados y por la densidad de su población, casi tan saturada como su atmósfera. Aunque la costumbre dé señales de aceptación por parte de sus habitantes, en mucho del silencio frente a su entorno hay una base de resignación, la aceptación claudicada de no tener en realidad opciones.

La descentralización, el crecimiento de las regiones, ese llamado a la cordura que se arrastra por décadas, es en realidad una maniobra distractora, que otorga grados controlados de libertad, que sin el soporte de un plan sustentable de desarrollo, terminan por regresar al esquema inicial de decisiones centralizadas, para tranquilidad de un desconfiado y celoso Gobierno central y para los que, por su acceso a ese nivel, ofician de interesados intermediadores.

Se pierde así la posibilidad de madurar como nación y se sigue exhibiendo ante el primer mundo el caricaturesco cuadro de megalópolis, rodeadas de antiestéticos cinturones de pobreza y algunas ciudades crecidas, pero altamente dependientes y una mayoría de otras aún más pequeñas en las cuales la vida languidece y que se prestan como plataformas de lanzamiento de sus mejores hombres y mujeres, aquellos que por sus inteligencias, o competencias, ven coartadas sus posibilidades de realización personal y optan por migrar, un círculo vicioso que probablemente tuvo un impulso marcado en los tiempos del cierre de las salitreras y que sería razonable esperar que se hubiera detenido.

Si se hace un ejercicio comparativo con naciones desarrolladas, las diferencias con el paradigma predominante de Chile se hacen rápidamente evidentes; Francia, con 65 millones de habitantes y una densidad demográfica de aproximadamente 95 H/km2. Su capital, París, sin el extraradio, tiene 2. 2 millones de habitantes, seguida de Marsella, con más o menos 800 mil, muchas otras ciudades, como Lyon, Niza, Nantes, Estrasburgo, Montpellier, por citar solo algunas, tienen entre 250 y 500 mil habitantes. Alemania, con 81 millones de habitantes y una densidad de 231 hab. /km2, distribuye su población también en numerosas ciudades, Berlín, con 3.4 y Hamburgo con 2.1 millones y otras como Múnich, Colonia, Frankfort, Stuttgart, Düsserdorf, Núremberg, etc., de 1 a 1. 5 millones.

Una distribución similar a la que muestra Italia, con una Roma de 2,8 millones y salvo Milán, ninguna otra ciudad con más de un millón de habitantes. Lo más similar en población a Chile, podría ser Holanda, con 17 millones de habitantes, con una densidad poblacional de 488 personas por km2. Su capital, Ámsterdam, tiene solamente 814 mil habitantes siendo la ciudad más populosa, distribuyendo el resto de la población en cifras menores en una veintena de ciudades.

Chile ha optado por domiciliar al 40,1% de su población en el 2% del territorio, comprimiendo en la Región Metropolitana a más de seis millones de personas con una densidad poblacional de 393 hab/km2, usando cada vez más superficie de uno de los terrenos más aptos para la agricultura del país, mientras en el resto del territorio la densidad es de 21,31 hab/km2.

Sin embargo, la mayor diferencia es el grado de madurez de las ciudades de Europa, sus grados de autonomía, la amplitud de sus recursos, la muy diferente calidad de su invitación a quedarse allí y progresar, sin necesidad de salir a luchar arduamente por un espacio exiguo y ajeno. 


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