Pueblo chico, infierno grande

Fecha Publicación: 1/2/2016

Es éste un adagio cuyos oscuros orígenes se remontan a la edad media española. El significado, empero, es bastante claro: una crítica a las sociedades de pueblos pequeños, donde todos sus habitantes se conocen y suelen propiciar grandes escándalos, precisamente de tanto conocerse. 

A los penquistas, que tanto nos gusta considerar a Concepción como la segunda urbe más importante de Chile, nos violenta que nos tachen de "provincianos", ocasión en que sacamos a relucir nuestro currículum y tradición de ciudad universitaria, cultural, industrial, con glorioso pasado militar y político.

Y es que el odioso término, acuñado por pseudo élites de un trasnochado centralismo capitalino (no muy distinto al que los penquistas aplicamos a los "pueblos del interior"), está trazado desde una perspectiva de alteridad, de mirar por debajo del hombro al que, en uno u otro campo, está lejos de la esfera del poder y de la toma de decisiones. 

Sin embargo, muy en el fondo de nuestro orgullo, debemos reconocer que tenemos bastante de "provincianos", en la acepción más lastimera de la palabra. Si alguna vez ha pronunciado la frase "Concepción es un pañuelo", sabrá a qué nos referimos. El conocer a alguien y descubrir a los dos minutos gran cantidad de personas en común; el reconocer entre los padres del colegio de los hijos a antiguos compañeros de curso, el escuchar el mismo día de dos fuentes distintas la misma "copucha"... Todas, situaciones que resultan fáciles de comprender en un pueblo chico, pero no tanto en una conurbación cercana al millón de habitantes. Sin duda, un tema que merece una tesis académica. Por el momento, convengamos que aún nos queda mucho de infierno grande. 


PIGMALIÓN
 


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