El desafío de ser un centro neurálgico para el turismo en Bío Bío

Fecha Publicación: 28/1/2016

Si Concepción tiene una decente capacidad hotelera, ciertamente ello no se debe a una suerte de boom turístico veraniego. Muy por el contrario, lo que asegura este ingreso a la tercera ciudad más antigua de Chile es el "turismo de negocios", alimentado principalmente por congresos y seminarios al alero de las universidades y empresas de la zona. En la temporada estival, en cambio, el flujo parece ser radicalmente inverso, con miles de penquistas en un éxodo desesperado por cruzar la línea divisoria del peaje Agua Amarilla, para así dejar atrás la vaguada costera y el microclima local, en busca de promesas de más sol y calor. 

Por lo mismo, llaman poderosamente la atención los casos de visitantes que van contra la corriente, y que eligen Concepción como destino, descartando otras alternativas bastante más esperables. Tal es el caso de un bioquímico ex alumno de la UdeC, avecindado hace varios lustros en Santiago, y que este año eligió, tras una meditada decisión familiar, pasar sus tres semanas de vacaciones en Concepción. 

Una elección que a más de alguien podría resultarle curiosa, pensando en que este ex penquista conserva pocos vínculos familiares en la zona, los que no pesaron a la hora de optar por este destino. Más bien, se trató de una forma de reencontrarse con sus vínculos "geográficos", y de transmitirle a su hijo de 10 años, un sentido de pertenencia y de raíces con el "terruño". 

Así, eligió un céntrico hotel como punto base, y desde allí, planificó panoramas locales para cada día: entre ellos, una excursión al Cerro Caracol, una tarde en Playa Blanca, otra en Tomé; una jornada en la Laguna Chica de San Pedro, una visita a la desembocadura... Un paseo por piscinas en Hualqui, un almuerzo en un restaurante de Cocholgüe; un tour al Huáscar, un atardecer en el mirador de Lirquén, en Penco o camino a Coronel; un plato de mariscos en la Bentoteca de Talcahuano; un paseo en bicicleta por los cerros de San Pedro, un picnic en el campus de la UdeC, una visita a una casa en Patagual, un camping en la Ruta de la Madera; un par de días en el Lago Lanalhue, una travesía a Chillán o Antuco, o lo mejor de la gastronomía italiana en Capitán Pastene...

Si un ex penquista avecindado hace 15 años en Santiago pudo elegir a conciencia al Gran Concepción como centro operativo para sus preciadas vacaciones, sin arrepentirse un solo día por su decisión, es válido pensar que, con promoción y marketing adecuados, esta ciudad puede venderse como un centro neurálgico para una inagotable cantidad de panoramas por el día en Bío Bío, de cordillera a mar, con una diversidad geográfica en un espacio acotado a pocas horas de recorrido, una fortaleza de la que pocas ciudades en el mundo se pueden jactar.

Entre los desafíos pendientes está entonces el romper con el peso de la historia, y comenzar a derribar barreras mentales que nos impiden ser una región capaz de captar un importante flujo de turistas de otras regiones y del extranjero, sin dejar de potenciar el turismo interno. Mal que mal, lo primero que se requiere para ello es capacidad hotelera, y esa ya existe, cortesía del "turismo de negocios".

Medidas ya en curso, como el ensanche de la ruta a Cabrero (en el futuro carretera doble vía), con su empalme Tucapel, Antuco, Pichachén-Argentina; o el proyecto de un tren directo Chillán-Concepción, parecen apuntar en la decisión correcta, para que en un futuro muy lejano, decisiones como la de este bioquímico exalumno de la UdeC, dejen de ser sorprendentes para convertirse en algo "normal". 


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