Es buen tiempo para hablar sobre discriminación escolar

Fecha Publicación: 25/1/2016

Tenemos a los niños y jóvenes de vacaciones, en otras épocas del año la mayoría recibe el apelativo genérico de estudiante, no en esta época, tiempo de moratoria, aun así hay un futuro cercano y latente de reencuentro de los compañeros de colegio, para reiniciar sus tareas y para comparar los apuntes de estos días de merecido ocio.

Entre esas realidades del futuro próximo está la de los comportamientos interpares, que han sido motivo de no pocas reflexiones e iniciativas. No es extemporáneo traer este tema a la superficie de la mesa, en el seno de las familias, en el relajado y feliz ambiente de vacaciones podría ser particularmente oportuno traer el tema a colación, justamente porque en ese ambiente la variedad de niños y jóvenes que interactúan es de mayor riqueza y muy posiblemente de más amplia tolerancia mutua.

El tema en cuestión es justamente cómo los niños se tratan unos a otros, de lo grato que es ser acogido y apoyado y lo doloroso que es ser rechazado u ofendido. Es cosa de opinar en la casa sobre qué tipo de mundo queremos tener, qué tipo de relación entre las personas facilita el estado de felicidad. Qué es más bueno y justo, cuáles comportamientos hacen del colegio un lugar más grato, ya que se va a estar por allí por muchos años. No son tema esotéricos, son realidades palpables atingentes y cotidianas, de fácil abordaje, no tienen porqué generar fricciones o malentendidos, es una oportunidad muy necesaria de hablar en serio. 

Los motivos están a la vista, según la Superintendencia de Educación Escolar, los niños con déficit atencional son los más afectados por discriminación y acoso en el sistema escolar, no es una aseveración anecdótica. Ojalá fuera de esas opiniones por evidencia circunstancial, pero lo cierto es que en una investigación sobre el particular, el 51 por ciento del total de las 1.456 denuncias por discriminación recibidas entre los años 2013 y 2014, fue por este tema.

Se ha tenido el resguardo de señalar que esta cifra puede o no reflejar fielmente lo que está sucediendo, ya que en muchos casos, por diversos motivos, las circunstancias tienden a ocultarse, es posible entonces que no haya en realidad un aumento de este tipo de conductas, sino una mayor visualización, una más alta y saludable sensibilidad, de tal manera que la consecuencia lógica es avanzar en los establecimientos educacionales, no sólo en reflexionar si se está haciendo lo suficiente para armonizar las actividades según las características y las necesidades de los niños, sino desarrollar actitudes en toda la comunidad escolar.

Para atender a las cifras del modo más realista posible hay que registrar que las denuncias de segregación más frecuentes son por discapacidad física y/o intelectual (18 por ciento), por la apariencia personal (10 por ciento), problemas de salud (ocho por ciento). Embarazo y/o maternidad (seis por ciento), orientación sexual y de género (tres por ciento), niños inmigrantes (dos por ciento) o por opción religiosa (dos por ciento). Se observan además diferencias asociadas al género, en la Educación Básica son los niños (y no las niñas) quienes sufren más discriminación (65,2 %), siendo a la inversa en la Educación Media.

Si la lectura de estas cifras pudiera parecer insignificante, basta con hacer el ejercicio que sea uno de nuestros hijos el incluido en ellas, se comprenderá entonces que cualquiera de estos números es inaceptable, e imperdonable distraerse en la tarea de hacerlos desaparecer.


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