Capital de riesgo de las nuevas ideas

Fecha Publicación: 21/1/2016

Para los que no han pensado adecuadamente en este asunto, la condición de científico puede ser una especie de entelequia cuya complejidad no afecta directa o inmediatamente al ciudadano común, los científicos pueden ser mirados con admiración o sospechosamente, la ciencia, lamentablemente, puede ser tan benigna como diabólica.

Superficialmente, los investigadores, mirados de cerca, no parecen nada del otro mundo, manipulando raros artilugios o llenando de signos cabalísticos o de matemática taquigráfica, que es casi lo mismo, montones de papel, o más modernamente, saturando discos duros con sorprendente facilidad. No parecen molestar a nadie, o por lo menos no lo suficiente como para alcanzar los umbrales del enojo ajeno.

Hay que pensarlo de nuevo, el producto de esa labor puede ser en oportunidades inquietante, peligroso, políticamente incorrecto, o digno de ser catalogado como herejía, en sentido no solamente religioso, sino por atreverse a poner en entredicho algún paradigma entrañable y popular. En diversas formas y grados, sin hogueras encendidas, pero con eficaces sustitutos.

Como sea, la investigación en un país es indispensable, no tenerla es condenarse a copiar o comprar abyectamente los que nos ofrezcan. Sin la idea nueva no puede haber un camino al desarrollo que no haya sido ya explotado. El problema es que los frutos de la investigación no están garantizados ni son de fácil despacho, cuando esa situación no se comprende, entonces se le quita apoyo, algo así como cortar la rama en la cual estamos sentados, víctimas, una vez más, de políticas de poco alcance y de marginal intuición de futuro.


PROCOPIO


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