Ley de partidos, ni siquiera gato pardo

Fecha Publicación: 19/1/2016

Tiene que haber una explicación, como en todo fenómeno aparentemente incomprensible, para la casi infinita capacidad de los parlamentarios para absorber con olímpica resiliencia las críticas más duras y merecidas. Basada en esa dudosa aptitud, está una nueva demostración de impermeabilidad, dando por iniciado otro de sus irritantes espectáculos, esta vez las maniobras relativas a asuntos tan espinosos como la transparencia, probidad y ética partidista. 

El prólogo ocurrió con bastante antelación, el pasado marzo de 2015. En los inicios de una crisis política marcada por los casos Penta, Caval y SQM, la Presidenta Michelle Bachelet presentó en La Moneda una comisión asesora contra los conflictos de interés, el tráfico de influencias y la corrupción, un grupo de trabajo de 15 personas, encabezadas por el economista Eduardo Engel que debían abocarse, entre otras cosas, a la relación entre la política y los negocios.

En abril del año pasado, en circunstancias que los motivos de la iniciativa estaban agudamente presentes, la Comisión le entregó a la Mandataria un documento de más de doscientas páginas, con numerosas medidas propuestas para salir al paso y enmendar el insatisfactorio curso de los acontecimientos, entre estas, requisitos para financiar partidos políticos, eliminar los aportes de empresas a campañas y reducir los límites del gasto para todo tipo de elecciones, propuestas que en ese momento fueron acogidas con particular y transversal interés.

A pocos días, a través de una cadena nacional de televisión la Presidenta Bachelet anunció un conjunto de iniciativas, descritas como una potente agenda de probidad y transparencia que marcarían el "legado" de su gobierno.

Todo bien, hasta el encuentro con la realidad, posiblemente como producto de cuidadoso escrutinio en las diferentes tiendas políticas, empezaron a surgir las observaciones, primero en la forma atenuada de consultas y a poco andar mostrando una clara tendencia a rebajar el calibre de las eventuales medidas y a confeccionar un traje a la medida, haciendo notoria las diferencias entre la Comisión Engel y el Congreso.

Un grupo transversal de actores del mundo político y de organizaciones, suscribió recientemente un documento expresando disconformidad, al observar que algunas de las medidas propuestas por la comisión no han sido acogidas por los parlamentarios, mientras que otras se están tramitando en forma incompleta. Por ejemplo, mejorar cinco puntos del proyecto Inversión y administración del patrimonio, como limitar la inversión del patrimonio de los partidos a instrumentos de renta fija y fondos mutuos, para impedir el lucro con sus patrimonios invertidos en sociedades.

Igualmente indican que se están manteniendo las sanciones de la ley actual, varias de las cuales son relativamente bajas y sin mayor efecto disuasivo y se pide remplazarlas por sanciones efectivas, incluyendo la pérdida de financiamiento público del partido.

Son solo algunas muestras del intento de quitarle los dientes a la ley, transformarla en un nuevo somnífero de consciencias. La ciudadanía tiene que darse cuenta que el intento ni siquiera califica para gatos pardos, ya que en realidad no se engaña a nadie en el intento de dar una muestra de transparencia, cuando en realidad se persevera en dejar las cosas como malamente estaban.


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