Recetas contra la amnesia

Fecha Publicación: 19/1/2016

Una de las duras exigencias de cualquier integrante de sociedad, empresa, o institución de regular tamaño, es tener presente las cosas que sucedieron, no sólo para evitar errores imperdonables, sino para no desatender las correspondientes efemérides, los acontecimientos y circunstancias que obligatoriamente deben recordarse y actuar en consecuencia.

Ese tipo de competencia se encuentra instalado en algún lugar de ese bolsillo de payaso que son las llamadas competencias generales. Las del área afectiva, o de relaciones interpersonales, o de inteligencia emocional. Siempre es posible cambiar el descriptor con un mínimo de ingenio, sobre todo si se pueden vender con esa excusa libros de autoayuda.

Los nobles romanos, sobre todo los cargados a la amnesia, o aquellos cuya nobleza era más bien nueva y no tenían recuerdos propios de la elite, solían tener un esclavo especialista en recordar, el nomenclator, precisamente por su capacidad para memorizar nombres, alcurnia, parientes, cargos, distinciones y méritos varios de los personajes, muchísimos, con los cuales su amo podría tropezarse en sus andanzas por foros, basílicas, termas, circos y todo tipo de movidas.

De esa manera, minutos antes del encuentro que se veía venir, el nomenclator ponía al día a su patrón en los antecedentes de su inminente interlocutor y este podía hacer un papel digno en el marco del respeto y debido reconocimiento, lo contrario podía ser irreversiblemente dañino a sus ambiciones políticas o de las otras. 

La historia enseña; hay allí un potencial nicho laboral para gente especializada en hacernos recordar lo que no debe olvidarse.


PROCOPIO


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