Pymes regionales frente a la reforma laboral

Fecha Publicación: 17/1/2016

Se encuentra en pleno debate en el Parlamento el contenido y alcances de la reforma laboral, de sus complejidades han sabido los que se han acercado al texto de los documentos que varían en matices con desconcertante camaleonismo. Los que han sido convocados a los diálogos, a las descritas como abiertas conversaciones para auscultar el sentimiento y convicciones de los más directamente afectados, han podido observar cómo, a pesar de sus observaciones, las ideas continúan en trayectoria parecida a la original, por sobre públicas declaraciones de la conveniencia de consultar a los conocedores y lo necesario y valioso de sus aportes.

La situación da cuenta de desavenencias en el propio grupo de Gobierno que parece estar, en relación a esta y otras materias, con el corazón dividido, aún tras varias convocatorias de la Primera Mandataria para ponerlos sobre la misma línea. No resulta difícil entender la magnitud de compromisos partidarios que están llevando a un interminable debate sobre los puntos más críticos, la búsqueda de un equilibrio entre el capital y el trabajo, una polémica que lleva siglos y cuya fórmula depende de factores no sólo de orden económico, razón por la cual las recetas foráneas suelen tener altos índices de peligrosidad.

Uno de los asuntos más complejos es justamente la variabilidad de los actores en esta polémica, las grandes empresas y los potenciales de respaldo tecnológico y financiero, a lo cual se suman, o derivan, las competencias de sus trabajadores en sus niveles y posibilidades de capacitación y superación y las pequeñas y medianas empresas, en el otro extremo, con un frágil soporte financiero y debilidades en cuanto a su recurso humano, por la propia naturaleza del emprendimiento, como por las enormes dificultades que experimentan en cada aspecto de su actividad.

Las estadísticas de la pymes son lo suficientemente explícitas como para apreciar su importancia regional, hay más de cien mil empresas en la Región del Bío Bío, según datos aportados por el Ministerio de Economía , de ellas más de 90.000, representan sobre el 80% del total de las ventas. Según el ministerio, la Región representa más del 10% del total de las empresas del país y sobre el 6% de la generación de empleo.

Hasta cierto punto es ocioso describir el impacto regional de este último indicador, la presencia de trabajo digno con remuneraciones justas y su importancia para el círculo virtuoso del crecimiento y el bienestar de la sociedad. Basta con recordar que dos tercios de los empleos en la Región se deben a las pymes y, sin embargo, en el estudio y debate de las reformas laborales se ha observado una evidente desprolijidad que al final puede atentar contra quienes resultan más frágiles.

Hay una cuestión que debe estar desde el principio sumamente clara, cuál ha sido el papel de los legisladores regionales en particular y del Gobierno en general, para hacer un diagnóstico cierto de la situación de estas empresas, hasta qué punto conocen de la realidad cotidiana de estos emprendedores. Cuánto saben de sus necesidades y del trato no pocas veces negativamente discriminatorio que reciben de diversos organismos del Estado.

Son esos aspectos los que deben estar presentes a la hora de discutir las características de la reforma, aunque sea necesario usar más tiempo, ya hay suficiente evidencia de errores cometidos en leyes largamente debatidas, como para pensar que sean menores en leyes a toda prisa.


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