Alertas ciudadanas y sentido común

Fecha Publicación: 20/8/2015

Es inevitable, aunque reiterativo, estar tomando continuamente el pulso a la realidad nacional, sencillamente porque hay un cuadro clínico en evolución, cuyo diagnóstico requiere cuidados intensivos, con múltiples sensores, mientras más exactos, mejor. Aunque hay que reconocer desde la partida que no hay instrumentos que tengan esa característica, ya que su calibración depende del administrador, y sin querer queriendo, como expresión a la mexicana de la ambigüedad, se introduce, tanto en el método como en la modalidad de su uso, sutiles tendencias, que se hacen más evidentes a la hora de interpretar los resultados.

A la publicación de la última encuesta, o a la lectura del último comentario de los intérpretes estelares del acontecer nacional, se condiciona el estado de ánimo del ciudadano común, que oscila entre la esperanza, la preocupación, el desagrado o el tedio, según sean las sucesivas oleadas de la información disponible.

Por lo común, el idioma español es positivo, si se quiere señalar que las cosas han mejorado, aunque sea marginalmente, así se dice. Bajo esa perspectiva, la conclusión; "un sorpresivo descenso en el nivel de desaprobación", es una manera un tanto oblicua de decir lo mismo, aunque deja claro que lo que más importa al redactor es destacar que la desaprobación es la que prima. 

Según la última encuesta Plaza Pública elaborada por Cadem- para utilizar su interpretación- la Primera Mandataria es 5% menos desaprobada que la última vez, lo cual se considera sorpresivo. En realidad no habría para qué sorprenderse, en estos tiempos de equilibrio inestable, con el fiel de la balanza extremadamente sensible a la menor variación.

Los otros números de la encuesta pueden servir para comprender mejor la leve mejor aprobación, al observar que el 79% de los encuestados ve divisiones al interior del Gobierno y de la Nueva Mayoría con respecto al Programa de Gobierno de la Presidenta Bachelet, lo cual de alguna manera quita presión a los cambios, porque para hacer cambios estructurales hay que tener fuerzas compactas y unívocas, en ese ambiente, la magnitud de las amenazas percibidas desciende algunos puntos, o muchos, según lo grave que sea la fisura entre las líneas partidistas de Gobierno.

Un dato muy elocuente, que por supuesto ha encontrado eco en sectores moderados del Gobierno, es que sólo un 10% de los consultados cree que hay que seguir con las reformas tal cual están y si hubiera dudas sobre el significado de esta opinión, es acompañada de un 49% que expresa la necesidad de realizar cambios en ellas para perfeccionarlas y cambiar su rumbo. No solo eso, sino que además un porcentaje significativo- 37%- considera que deben ser retiradas y remplazadas por otras, un preocupante indicador después de una año y medio de campaña para hacerlas aceptables.

Es de esperar un duro debate en el seno de las altas esferas partidarias, porque sus integrantes llevan diversas prisas y diversos fines, cualquiera de estas líneas que pretenda prevalecer sin tomar en cuenta las opiniones de los demás, puede sentir que está en el barco equivocado. Un cambio en la conducción, que introduce una nueva razón para no perder de vista los indicadores aludidos al principio.

Para el ciudadano corriente, es fácil apreciar que las cosas pintan para mejor a la voz de gradualidad y mesura, y lo contrario cada vez a que se insiste en los cambios estructurales y retroexcavadoras. Cuesta entender que esa realidad no sea suficientemente tenida en cuenta. 
 


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