Los libros amenazantes

Fecha Publicación: 13/1/2016

Después de la genialidad de Gutenberg, la consecuencia impensada de la multiplicación de los libros, fue la rápida movilización de ideas. Para algunos grupos o personas, eso de que toda la información anduviera suelta por ahí, al alcance de cualquiera, representaba enormes riesgos, la extrema peligrosidad del nuevo medio de comunicación. 

Con característica eficiencia, el papa Alejandro VI impuso, mediante una bula de 1501, la censura previa para Alemania, luego, en vista del éxito, ampliada a todo el ámbito de la iglesia. Feliz iniciativa, copiada con agilidad digna de encomio por autoridades civiles de diverso plumaje, en la medida de sus fuerzas o de sus temores.

A pesar de todo, los libros se multiplican, se estima que para finales del siglo XV, se habría impreso, entre 1450 y 1500 unos veinte millones de libros. Muchos de ellos se han perdido, pero nos quedan en el planeta entre 30 a 35.000 ejemplares, de ellos, menos de una cuarta parte están escritos en lenguas vernáculas, dedicados a temas de devoción, obras clásicas y medievales, todo el resto en latín. Un 45% de los incunables, es decir libros escritos antes de 1500, se refiere a tema religiosos, biblias la mayor parte, filosóficos y teológicos, algo más del 30%, científicos, menos del 10%, lo que no tiene nada de extraño para la época, pero, con América recién descubierta y las Universidades brotando como la buena hierba, esas proporciones cambiarían radicalmente.

Los libros se ocupan de todo lo humano, sus líneas despiertan a la humanidad, la palabra escrita desborda y sigue siendo materia de asedio, especialmente por quienes tienen asuntos debajo de la alfombra.


  Imprimir noticia   Descargar versión PDF