Que lance la primera piedra el que esté libre de pecado

Fecha Publicación: 12/1/2016

El que esté libre de pecado que lance la primera piedra, un episodio bíblico de uso transversal, aún por los declaradamente agnósticos, de fácil asociación, se le utiliza con frecuencia aunque a menudo citado fuera de contexto, después de todo no siempre se habla de una mujer adúltera.

El problema mayor reside en la autocrítica, la pregunta está dirigida a la conciencia del eventual lanzador de piedras, si está libre de aquel pecado por el cual pretende apedrear a un infractor. Se podría entonces verificar, sin mayor esfuerzo, que la concepción de pecado es enormemente flexible, y por si hiciera falta aún mayor relatividad, el alcance de la memoria puede ser insignificante, el ejercicio favorito de buscar rápidos plazos para la amnistía se cumple en determinadas circunstancias con envidiable eficiencia. Los hechos prescriben al segundo en las conciencias tenues.

En términos concretos, tanto en personas como en colectivos puede existir un lamentable doble estándar, portadores de pecado, sordos y ciegos ante su existencia y en consecuencia autocalificados para arrojar todas las piedras que se considere necesarias; para países de limitada o inexistente democracia, para falta de respeto a los derechos humanos, para empresas contaminantes, para espionaje internacional. En todos, falsos inocentes, indignados ante igualmente culpables, pero expuestos.

En estos días se ha producido una nueva oleada de noticias vergonzosas, predecibles, pero en el fondo con la esperanza que no fuera exactamente de ese modo, que quedara un residuo de elemental decencia en un grueso de la comunidad, pero no, se ratifica, la colusión, palabra que hubo que aprender, es ahora casi un lugar común, pero todavía, menos mal, genera indignación, que aún sería peor que fuera parte declarada y aceptable de nuestra naturaleza.

Es cierto, o posiblemente cierto, que estas maniobras han sido desde siempre, pero hay que anteponer una reflexión antes de seguir en los rituales condenatorios, una reflexión simple, cuántos tienen auténtico derecho a mostrarse consternados, quiénes pueden resistir un examen profundo de sus actuaciones sin temer que sus techos muestren inesperadas fragilidades, ¿quién puede tirar la primera piedra?.

Es el momento de plantear la necesidad de revisar cómo somos, hacer una introspección sobre la calidad moral de nuestros procedimientos, es cierto que es mucho más visible el pecado a gran escala, pero la suma de pecata minuta es, considerable; los revendedores, los que aprovechan cualquier coyuntura, la desgracia o la urgencia ajena, para obtener beneficios excesivos, la mercadería pirata y sus compradores, los que fabrican horas extras, los que hacen como que trabajan, en un interminable inventario de muestras de la famosa y mal llamada picardía nacional, autora del procedimiento tradicional de hacer la trampa tan pronto se hace la ley.

En todos los medios se encuentra la letanía de los insultos de la gente, principalmente contra los políticos, empresarios y la banca, sin hacer debida memoria de sus propios actos. Ante tanta muestra de nuestra humana y deficiente naturaleza, es el momento de cambiar de rumbo, tendrá que empezar por el cese de la tolerancia, en el castigo social a quienes abusan de la sociedad, en la aplicación de la ley, en la educación de los niños con nuevo énfasis en la moral y en la decencia. Tiene que haber un hasta cuándo.


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