La necesidad de poder confiar

Fecha Publicación: 11/1/2016

Hay muchos asuntos por descubrir en la medida que se madura como persona, algunos de ellos no tienen manera de cambiar, no hay modo que baste, ni instancia que sirva, son, por tanto abrumadoramente invariables, pasar de la ira a la resignación depende de la magnitud del desajuste o de la gravedad del defecto. Asumir, por ejemplo, que el mundo no es perfecto y la vida no siempre justa.

Sin embargo, no siempre es así, por mucho que se elabore, hay cosas que deben cambiar, de lo contrario la sociedad no funciona como es debido.

Por ejemplo, la percepción cada vez más aguda de que es absolutamente necesario que exista confianza de los ciudadanos en sus autoridades, ya que el papel de éstas pasa muchas veces por la capacidad de actuar desde esa base de fe, si la base no existe, o es gelatinosa, entonces la autoridad no opera positivamente, lo que diga no tiene auténtico significado y lo que haga será observado con mucho recelo.

Perdidos en el mundo de los objetos, será necesario indagar de nuevo en las cosas del espíritu, donde radica posiblemente la verdad que nos hace falta, como en este concepto, la confianza, que reposa en la credibilidad, a su vez lo que dicen los hechos del pasado sobre la persona y la sinceridad, que es la certeza que la persona dice la verdad.

Hay otras condiciones que se solicitan para la confianza, la integridad, la muestra cierta de conducta intachable, de unidad de propósito, se puede seguir, aunque con lo ya expuesto ya basta para apreciar que no es fácil confiar en muchas de las autoridades, y al mismo tiempo concluir que las cosas no pueden seguir de esa manera.


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