Fragmentar la historia

Fecha Publicación: 8/1/2016

Para poner un poco de orden en este mundo tan revuelto, desde siempre el hombre trató de organizar las cosas para dejar todo en algún tipo de esquema razonable, fijando plazos y limites, la mayor de las veces, ilusorios, o arbitrarios. Días, meses, antes y después, años nuevos, como si fueran realmente diferentes, mientras el tiempo mismo sonríe ante tanta ingenuidad. 

Sin embargo, sin aquello, sería muy difícil digerir la historia, por eso la llenamos de subtítulos que permiten agrupar determinados hechos de modo más o menos coherente. Como no hay manera de tener a todos contentos, apenas a unos pocos se les ocurre hacer una de estas delimitaciones, a poco andar salen otros al baile para asegurar que la propuesta anterior contiene errores gravísimos, que los hitos son otros. 

Cuando termina la Edad Media, es un ejemplo, se ha propuesto la imprenta de Gutenberg, el descubrimiento de América de Colón, la caída de Constantinopla con los protagonistas Constantino XI y Mehmed ll, hechos tremendos y personajes que podrían servir para delimitar la frontera entre la Edad Media y el Renacimiento, entre el fin de edad obscura y el inicio de la luminosa.

Es posible que sepamos ahora un poco más, que la edad no fue tan oscura ni tan exclusivamente brillante el Renacimiento, que coexistan con nosotros personajes dignos de la edad de piedra, cromañones emboscados, que para muchos, la edad de la luz no exista, que un grupo no despreciable insista en vivir como en el medioevo. Es cada vez más crítico afinar la selección de amigos y compañeros, ya que con esto de la globalización, superficialmente, todos se ven demasiado parecidos.


PROCOPIO


  Imprimir noticia   Descargar versión PDF