Oportunidades en el horizonte productivo de nuestra Región

Fecha Publicación: 7/1/2016

La observación de Albert Einstein tiene plena vigencia, sumándose a la cultura popular, que ha insistido igualmente en la característica de nuestra especie de tropezar en parecidas piedras, para el primero es una forma de locura seguir haciendo lo mismo y esperar resultados diferentes.

La Región del Bío Bío ha venido, por décadas, mostrando deterioro de sus índices indicadores de progreso, en términos generales, por ejemplo, el porcentaje en disminución de su aporte al producto nacional bruto, cruzando sin grandes variaciones con esta curva de deterioro, toda suerte de realidades políticas y económicas, gobiernos de todos los espectros y situaciones variadas de la economía mundial.

El examen desapasionado de estos indicadores deja claro que no son entonces exclusivamente los factores exógenos los causantes de esta situación desmejorada, sino una falta de golpe de timón, en el sentido de suspender la tendencia a poner el dedo en los diques que empiezan a romperse, a aceptar que ciertas actividades económicas tienen ciclos y que el orden natural de los acontecimientos, rara vez aislados, no puede cambiarse con nuevos y encendidos discursos, o plañideras rogativas hacia el poder central.

Este escenario está siendo parte de una situación global que hay que enfrentar con realismo, por ejemplo, que el precio de los principales metales industriales se desplomó el 2015. Se ha observado que el cobre y el zinc perdieron un 25% de su valor el año pasado, mientras que el níquel cayó más de 40%, un descenso causado principalmente por la desaceleración económica que afecta a China. Asimismo, la preocupación sobre suministros más ajustados limitó las pérdidas del plomo a un 4%. En tanto, el aluminio y el estaño cedieron un 19% y un 24%, respectivamente, por preocupaciones sobre un superávit en el mercado. El cobre en la Bolsa de Metales de Londres al cerrar el año recién terminado, mostró una caída de 0,6 por ciento, con algunos augurios de mayores bajas en el 2016. 

Los signos son clarísimos y han sido adecuadamente interpretados en el sentido de la agregación de valor a lo que Chile ha venido haciendo, se suele expresar con algo de liviandad y no poco optimismo que se trata solamente de hacer algo con la materia prima y no limitarse a venderla tal cual está, omitiendo que para poder competir con otros productos en el mercado internacional hay que estar muy bien parado. Ello pasa por un piso de alta capacidad tecnológica, de la creación de una masa crítica de personal de la más altas capacidades, de una ética empresarial y laboral impecable, que se haga cargo de un concepto de absoluta rectitud y de intransable intolerancia al más mínimo error.

Mientras eso acontece, el progreso de los países instalados en ese ámbito no se detiene, por tanto, hay que buscar creativamente otros nichos productivos que aún presenten ventajas competitivas, como puede ser la producción de alimentos. Según la FAO, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, en un informe sobre perspectivas a largo plazo, en el panorama de la agricultura la producción mantendrá el ritmo marcado por la demanda, pero persistirá la inseguridad alimentaria.

Es una oportunidad para progresar en ese emprendimiento, no como se ha venido haciendo, no sin innovación y sin una sólida base de asesoría y apoyo logístico. Es una ventana digna de más atención y apertura.


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