Las tentaciones del poder

Fecha Publicación: 5/1/2016

Puede suceder con Lutero, que falte comúnmente información para comprender por qué se puso tan furioso, a pesar de tener algún conocimiento de la corrupción de la iglesia en esa época, la buena vida de los jerarcas, cosas así, generales.

Queda más claro al saber del papado de León X, un personaje que a cualquiera le gustaría tener a mano en tiempos de ira. Al ser elegido, le comentó a un cardenal amigo "Dios nos ha dado el papado, disfrutémoslo", declaración que pudo haber sido una manera de hablar, pero casi inmediatamente todos empezaron a darse cuenta que su santidad no tenía ni un átomo de santo. Con envidiable prontitud su mandato se hizo famoso por su intensa dedicación al ocio, por su religiosa atención a comer de todo, por su ferviente entrega a la buena vida y su inspirada participación en toda suerte de libertinajes. Llegó a tener una razonablemente numerosa cohorte de hijos, aunque hay que decir a su favor que a todos los ubicó en buenas posiciones sociales, mal papa, buen papá.

Para entenderlo mejor, hay que considerar que era hijo de Lorenzo de Medici y desde niño lo educaron para que fuera de la jerarquía eclesiástica, por motivos de poder político de la familia, que, como buen florentino del Renacimiento, era admirador del arte y los artistas, mecenas de muchos. No se le podría acusar de ser fijado en gastos.

Entre sus emprendimientos, destaca la promulgación de la ley Taxa Camarae, es decir, un tarifado para vender indulgencias y perdonar cualquier pecado. Era cosa de ponerse de acuerdo en el precio, ya que no había delito que no pudiera ser perdonado a cambio de dinero. 

A lo mejor no somos los ingleses de Sudamérica, sino florentinos renacentistas.



PROCOPIO 


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