Los peligros de la hoguera virtual

Fecha Publicación: 5/1/2016

Quemar cosas siempre ha sido una diversión popular, el fuego tiene un algo misterioso que, como la lluvia, ejerce una suerte de encantamiento o hipnosis al observador descuidado, se les queda uno mirando, con el cerebro en silencio. Cuando suceden esos extraños fenómenos, es para pensar que debe haber algún programa antiguo y olvidado en los escondrijos de nuestra memoria remota que reacciona frente a esos estímulos que necesariamente se hicieron sentir en aquellos tiempos cuando no solo éramos indocumentados, sino además patéticamente indefensos e ingenuos. 

Quemar casas, incluso muchas, al estilo injustamente atribuido a Nerón Claudio César Augusto Germánico, o Nerón simplemente, si se quiere tomar la molestia de usar los nombres como corresponde. Quemar bosques, como señal evidente de la llegada del verano para un grupo despreciable, no por el número, en este lindo país nuestro, están dentro de ese marco espectacular de llamas actuando como seres vivos, de irresistible atractivo y gran convocatoria.

Quemar gente es como la apoteosis de la acción combustible, de pavoroso llamado y testimonio, marca definitiva de castigo supremo, a los vencidos que habían resistido demasiado y a los criminales de indescriptible maldad, como los herejes. La condena se cumplía en los buenos tiempos del espectáculo masivo y gratuito, en lugares públicos de fácil acceso, como un acto moralizante y aleccionador.

Las redes sociales pueden remplazar fácilmente este último espectáculo, solo que ya no somos lo suficientemente ingenuos como para creer que se trata solo de combustiones simbólicas, puede haber tanta injusticia y error como en los viejos tiempos.


  Imprimir noticia   Descargar versión PDF