Prohibido prohibir

Fecha Publicación: 4/1/2016

Tenemos una fe tremenda por las leyes, cuando algo no funciona como es debido, la iniciativa más aplaudida es la de aquel legislador que propone una ley. 

Como su nombre lo indica, el poder legislativo tiene como tarea fundamental hacer leyes nuevas y modificar las existentes, es una tarea interminable y el diputado o senador que no tenga iniciativas de ese tipo no es digno de completa confianza. 

Son tan prolíficos, que hay tantas leyes como recursos para evitarlas, hasta hacer posiblemente cierto el comentario, un tanto escéptico, de que es más fácil hacer las cosas legales que hacerlas legítimas. 

Podríamos estar de acuerdo que con menos leyes y más voluntad para cumplirlas o para hacerlas cumplir, andaríamos lo más bien gracias. 

Cuando no hay voluntad, entonces se encuentran caminos numerosos para hacer lo contrario, ya que para esos somos de una envidiable inteligencia, sobre todo cuando hay importantes, aunque ilegales recompensas, si se tiene éxito en la maniobra evasiva.

Si no se hace con el debido cuidado, si no se mide las consecuencias, una ley dura, aunque tenga bases de necesidad, tiene que considerar todas las alternativas. Malas leyes, con más problemas que beneficios, por bien inspiradas que estén.

Las protestas estudiantiles francesas de mediados del siglo pasado, no hace demasiado, pusieron en el repertorio de frases célebres una serie de ideas como gritos en la pared. Una de ellas era, aparentemente paradójica, "prohibido prohibir". Pero en esencia la frasecita de marras dejaba en claro que la sola prohibición no basta si no hay convicción de la conveniencia de obedecer.


PROCOPIO


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