El estado moral de nuestra nación

Fecha Publicación: 3/1/2016

Lo irritante de las frases repetidas es que no pocas veces, sin otro análisis, se les da por ciertas, como aquella que concluye "cada pueblo se merece el gobierno que tiene". Si esa hipótesis fuera inescapablemente verdadera, entonces resultaría que "a una patria de inmorales, corresponde un gobierno de corruptos".

Sencillamente, no puede ser de esa manera, la primera propuesta, aquello de merecer, tiene otro sentido, muy importante, el de la omisión, de la falta de compromiso o voluntad, la falta de memoria, para permitir que personajes de conductas indecentes se perpetúen, elegidos de nuevo, haciendo uso abusivo de una democracia inmadura e ineficiente. Además de merecer un castigo esos líderes defectuosos, también, y en un grado mayor, lo merecen quienes, cuando tienen que elegir, permiten que sigan donde están.

Para ser justos, no todo es asunto de elegir mal, hay otros liderazgos a los cuales se accede por otras vías y al final no se aprecia una diferencia significativa en el mal actuar. Ausencia de ética transversal, faltas graves y reiteradas a la moral, por encima de tiendas políticas, hermanados en un mal obrar, haciendo uso y abuso de los resquicios de la ley y de las maniobras cómplices para engañarla. 

No es creíble que todos los chilenos seamos inmorales y corruptos y, siendo así, se esté en sintonía con la actual situación de reiteradas acciones dolosas, a tal grado que parece haberse perdido la vergüenza. No cuesta demasiado encontrar el lugar común de esta descompuesta manera de actuar, se trata del dinero, que parece resumir todo lo que se necesita, lo único que importa. 

Francisco de Quevedo, hastiado de observar lo mismo, ya en el siglo XVI, advierte que "cuando el dinero manda, no hay otra cosa que mande"; hace todo lo que quiero/poderoso caballero/ es don dinero.

Tan poderoso, que ha sido capaz de transformar a muchas personas en entes inmorales, que se refiere más bien a lo personal, o en entes corruptos, cuando actúan de ese modo en los medios políticos, empresariales e incluso en otros ámbitos que se suponían alejados de tales conductas, como el deportivo, donde no solo el fútbol, que claramente es, por lejos, el de mayor difusión, sino también otras disciplinas, donde el dinero se confabula con las ansias de poder.

La indignación frente a este tipo de acciones, la solicitud en otras latitudes en parecidas circunstancias "que se vayan todos", la emergencia de grupos políticos de rápido crecimiento está basada casi exclusivamente en una promesa de jugar limpio, lo cual explica qué es exactamente lo que está faltando.

La inmensa mayoría de los chilenos, trabajadora, responsable, aspiracional en cuanto al destino de sus hijos, que no hace otra cosa que laborar duramente para acercarse a sus sueños, está hastiada de este verdadero carnaval de vergüenzas, con actores en todos los sitios, en la empresa, papel, pollos, farmacias y otros por descubrir, los casos Caval, Soquimich y sus contubernios con figuras y partidos políticos, en un patético revoltijo digno de la amarga letra de Enrique Santos Discépolo.

Chile no se merece este espectáculo, tiene que haber una profunda reflexión sobre el modo de actuar de un segmento de la sociedad y si la conciencia no fuera suficiente, bastaría con poner en ejercicio el ahora amortiguado peso de la ley, que parece estar mirando la realidad solo en los sitios donde es políticamente correcto.


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