Años nuevos, propósitos nuevos

Fecha Publicación: 3/1/2016

El nuevo año suele estar acompañado de buenos deseos y firmes propósitos, ambos con elevados índices de volatilidad. Puede ser debido a esas características livianamente adscritas a la raza, pero también podría deberse a la falta de disciplina interior para perseverar, olvidando el castizo consejo de "quien la sigue, la consigue".

A veces, se logran cosas por casualidad, otras sólo mediante sostenido esfuerzo. Uno de los ejemplos más connotados en esto de no rendirse por motivo alguno lo ofrece Paul Ehrlich, alemán, por si hiciera falta dejar eso en claro.

El problema para este investigador era la sanación de una de las peores importaciones de España desde la América recién descubierta; la Sífilis, en un intercambio de epidemias en el cual el aporte de la contraparte española fue la Viruela.

Ehrlich se había propuesto explorar compuestos a base de Arsénico, durante años estuvo probando diversas combinaciones en ratas, vaya a saber uno cuántos infelices roedores fueron utilizados para los ensayos, previamente inoculados con microorganismos para reproducir la enfermedad y saber si el remedio servía para algo.

Por años no sirvió. Paul, irrenunciable, había cumplido con el ensayo número 605, sin éxito, 

estaba desolado, pero no tanto como las ratas. Con el compuesto nuevo, la combinación que seguía, al fin consiguió resultados espectaculares, las ratas enfermas se mejoraron. Era el 30 de julio de 1910, bautiza esta droga milagrosa, con muy poca imaginación, como 606. Se le puso un nombre más vendedor, Salvarsán, algo así como el Arsénico que sana. Es un buen ejemplo para no rendirse en el intento de tener éxito.


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