La necesaria rendición de cuentas por bajos puntajes en la PSU

Fecha Publicación: 2/1/2016

Por mucho que se exhiban iniciativas de la más diversa suerte para modificar, aunque sea levemente, los indicadores insatisfactorios en la educación chilena, cada año las cifras se repiten. Ninguna sociedad sana puede permitir que el fenómeno de inequidad en la calidad de la educación, o de la asimetría permanente de sus resultados, sea una realidad inalterable.

Las cifras recientes son vergonzosas, no importa la cantidad de argumentos y explicaciones que a continuación se emitan para amortiguar su significado; un total de 101.131 jóvenes egresados este año de la educación media chilena, no lograron alcanzar los 500 puntos en la Prueba de Selección Universitaria (PSU), es decir, fracasaron más de la mitad de los estudiantes, el 56% de los 181.718 que rindieron el examen.

Lo más doloroso, es la fría estadística de relación directamente proporcional entre dinero y calidad. Expresado a nivel escolar, no alcanzaron el puntaje umbral de 500 puntos el 71% de los colegios municipalizados, el 54% de establecimientos particulares subvencionados, mientras en el sector particular pagado un 15% no alcanzó ese puntaje.

Los cálculos pertenecen al investigador de la U. de Santiago, Francisco Javier Gil, quien señala las consecuencias de no lograr el hito 500, ya que además de poner en evidencia que los estudiantes no recibieron los contenidos de los planes de estudio, quedan marginados de las becas que entrega el Estado, de esa manera, más de 100 mil jóvenes que no pueden acceder a este beneficio.

El experto agrega; "los colegios municipales no entregan la totalidad de los contenidos que mide la PSU, y eso perjudica a los estudiantes, quienes en los sectores vulnerables no pueden ir a un preuniversitario porque no tienen recursos para hacerlo", de ese modo, los alumnos de colegios públicos no sólo están en desigualdad de condiciones, por el capital cultural, propio de su desventajosa situación socioeconómica, sino impedidos de remediar las consecuencias por sus propios medios.

Si bien es cierto es responsabilidad del sistema entregar adecuadamente los contenidos a los escolares, hay que recordar la ocurrencia de importantes movimientos estudiantiles, más una larga huelga del magisterio, con programas de recuperación ineficaces. Alguien debe una explicación, hay mucho dinero de todos los chilenos en ese compromiso incumplido. 

Como era de esperar, los estudiantes más vulnerables han tenido que pagar la cuenta más onerosa, muchos de ellos, 85.013, están impedidos de ingresar a las universidades del Cruch, ya que para optar a una de sus carreras se exigen un mínimo de 475 puntos.

Autoridades educacionales han señalado que esta situación da cuenta de la poca inversión estatal en los colegios municipales y también de la falta de control del Ministerio de Educación en los establecimientos particulares subvencionados, porque un 53% de alumnos con menos de 500 puntos es claramente una cifra preocupante.

Asediados por los ingentes costos de un ambicioso plan de gratuidad en la educación superior, ha quedado en la sombra el problema latente de la materia prima de las casas de altos estudios; el perfil de egreso de los estudiantes de la educación media, cuyas falencias atentan directamente contra la calidad de los estudios superiores, que tienen que remediar falencias de entrada. Un círculo vicioso que es indispensable detener.


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