Las otras lecciones de los museos

Fecha Publicación: 29/12/2015

La Venus de Milo no ha dejado de estar en el ranking de las mujeres más visitadas en los museos, miles de personas viajan desde los puntos más lejanos de la Tierra a París, para echarle una miradita. Descubierta por un campesino de la pequeña isla de Milo en el archipiélago de Cicladas (Grecia) en el año 1820, el golpe de la pala la encuentra separada en dos partes, sin brazos.

Es de autor anónimo de fines del siglo II aC, tallada en mármol, mide poco más de dos metros de altura y pesa aproximadamente 900 kilos, su cuerpo gira en forma de S, una línea serpentina conocida por curva praxiteliana, en alusión al escultor ateniense del siglo IV aC.

Un oficial naval francés, Jules Dumont, negocia por su gobierno con las autoridades turcas. Como se estaba en las últimas de la Guerra de Independencia de Grecia del imperio otomano, a los turcos no les podía importar menos el patrimonio cultural griego y la vendió barata.

Desde entonces, su tropel de admiradores, no cesa de visitarla desde el año 1821, cuando fue instalada para su exposición en el Louvre.

Haciendo un rápido repaso de la situación, la isla era griega, el campesino era griego, el escultor era griego y la escultura no podía ser más griega, pero se la quedaron los franceses.

Ha sido así en el arte, las pérdidas de patrimonio cultural, la edad de la inocencia de los pueblos, cuando los países europeos, en tiempos de conquista de los más débiles, se llevaban las cosas para la casa, con pagos nominales o de cualquier modo. Las lecciones están a la vista; el valor inconmensurable de los testigos de nuestra herencia cultural. Más vale que la cuidemos.


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