Mala cosa jugar con el calendario

Fecha Publicación: 26/12/2015

Entre las jornadas de cambio radical y sin fijarse en gastos o pequeños escrúpulos burgueses, estuvo el diseño del nuevo calendario de la Revolución francesa, una obra de arte a la hora de poner todo patas para arriba, sin oposición, ya que en aquella época seguir teniendo la cabeza sobre los hombros era una verdadera proeza.

Como prefacio, a los revolucionarios no les parecía adecuado que los dioses, emperadores o por último, simples numerales romanos, fueran utilizados para nombrar meses. Con eso en mente, el primero de Vendimiario del primer año de la República, la Asamblea Popular impuso el calendario republicano francés, para el resto del mundo. Ese feliz acontecimiento pasó inadvertido y anotaron la ocurrencia como en el día 22 de Septiembre de 1792.

Un poeta, Fabré d’Eglantine, se le ocurrió que los tres meses de verano terminaran en "or" (Mesidor, Termidor y Fructidor). Los de Otoño en "ario" (Vendimiario, Brumario y Frimario), los de Invierno en "oso" (Nivoso, Pluvioso, Ventoso) y los de Primavera en "al", o sea Germinal, Floreal y Pradial. Calendario de muy corto alcance, ya que en países de diferente clima, o del otro hemisferio, andaba todo al revés o sin patas ni cabeza, pluvioso en Argelia, por ejemplo.

Napoleón terminó con ese escándalo de una vez por todas en 1804, así podemos esperar al viejo de Pascua la noche del 24 de Diciembre, como Dios manda. En cuanto al poeta inventor de tan iluminadas denominaciones, fue adecuadamente guillotinado el 16 de germinal del tercer año de la República. No era para tanto, es demasiado para probar el argumento de la justicia poética.


PROCOPIO


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