El pulso de la sociedad chilena en el fin de año

Fecha Publicación: 24/12/2015

Habrá que suponer que hay otras encuestas, siempre puede haberlas, a lo mejor con la intención de saber qué opinan los que supuestamente no han sido consultados en aquellas más publicitadas. También puede ser que los resultados de esas otras consultas, conocidas solo por un grupo de iniciados, cercanos a los círculos del poder, tengan una información diferente. Está por verse, pero, mientras tanto, al finalizar el año, la ciudadanía percibe un cuadro sobre la situación del país en proximidades a la Navidad, que parece estar por debajo de la línea de flotación o ligeramente por encima.

El año ha transcurrido en ires y venires, repleto de sorpresas, pocas buenas, entre prisas, desafíos y confusiones, mientras pasaban los días y los cambios que parecían estar blindados al error, productos de acabados estudios técnicos, de equipos que habían tenido para efectuarlos todo el tiempo necesario como para describirlos como el intransable corazón de las reformas y que han tenido que resignarse a reconocer dos factores, fatalmente ignorados; el primero, la fuerza de la opinión pública o de la reacción de los involucrados y los cambios del entorno, estimados erróneamente como inalterables.

La situación de la gratuidad, una de las naves insignia de las reformas, es un ejemplo del laberinto en el cual se entró de manera innecesaria, sólo por no tener clara la hoja de ruta y la carta de navegación, confiando demasiado en la suerte en cuestiones de sumo delicadas donde la improvisación no tiene cabida.

Hace pocos días, en la última auscultación al pulso del país, la encuesta Plaza Pública Cadem, informa de un 63% de desaprobación y un 27% de aprobación en lo referente a la gestión de la Presidenta de la República, Michelle Bachelet, una evaluación muy parecida a la que se obtiene de la interrogar sobre aprobación del gabinete ministerial, desaprobado por un 66% y una aprobación menor, de 22%.

El acuerdo con las principales reformas, Tributaria, Laboral y Educacional es de 54, 48 y 53%, respectivamente, difícilmente buenos números para el esfuerzo desplegado y las innúmeras campañas de socialización, claramente hay tarea pendiente y puntos suspensivos. En contraste, cuando se plantea una reforma con amplios márgenes para el trabajo participativo, sin guión aparente o amenazas de maquinaria pesada, un sólido 78% de la ciudadanía manifiesta que Chile necesita una nueva Constitución.

Es esa la situación cuando el país se acerca a la Navidad, con tantas intranquilidades como esperanzas. Las intranquilidades se pueden apreciar en otras cifras de las encuestas, las dudas con respecto a empleabilidad. Hay declaradamente menos optimismo en cuanto al camino por el cual se transita, en las posibilidades de salir prontamente de los grandes problemas pendientes, como salud y seguridad ciudadana, la pérdida de fe de la ciudadanía en la disposición de los políticos y empresas para jugar limpio. La sospecha, difícil de disipar, que se está a la espera de una nueva revelación de malas prácticas.

Sin embargo la esperanza reside en que después de tantos tropiezos y errores de juicio, de trabajo desprolijo y vulnerable, haya ocurrido el aprendizaje necesario del respeto, la prudencia y la modestia, del acuerdo por mejorar, pero a plena luz del día con todas las cartas sobre la mesa.


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