El síndrome del emperador

Fecha Publicación: 23/12/2015

Desde hace años, parece haber aumentado un fenómeno que está causando problemas de convivencia en el seno de las familias, parece simple, pero no lo es, lo que ocurre es que no se sabe quién manda. Bien puede ser que andar mandando por ahí no corresponda a una sociedad post moderna.

Puestas así las cosas, los más pequeños empiezan a pasar por el gran forado de las permisividades. En términos sencillos, pasarlo bien, es más grato que pasarlo mal. Comer cosas dulces es mejor que comidas un tanto insípidas, o de sabor complejo, reunidas bajo el sospechoso título de comida saludable. Quedarse en cama es mejor que levantarse a horas mitológicas para ir a latearse al colegio.

El resultado es un personaje quejoso, satisfecho sólo si le dicen que bueno o tiene todo lo que desea, rara vez auténticamente conforme, de tal manera que no importa lo que consiga, siempre falta algo, así, estamos en permanente estado de deuda. 

Este cuadro, muchas veces denominado el Síndrome del Emperador, ha sido objeto de mucho estudio, ya que ocurre en las mejores familias, no solo en las disfuncionales o con asuntos raros por resolver, buscando relaciones con personalidad o entorno social inconveniente.

En el fondo, es cosa de oportunidad, no es fácil criar hijos en los tiempos que corren, pero hay que tener claro que es el niño menor el que requiere de referentes confiables para fijar hábitos y es preferible que estos sean buenos desde el principio. Asumir el rol de padres y no de mejores compañeros. Hay que decidir quién es el guía de quién, parece ser muy temprano para el ejercicio pleno de la democracia.


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