El conflicto entre neofilia y neofobia

Fecha Publicación: 22/12/2015

En un rapto de inédita inspiración se podría comentar que el mundo ha cambiado, cosa nada original. Lo más nuevo puede ser que está saberse cuántos cambios son para bien y por lo tanto, deseables, y cuáles están para el olvido, después de no pocas experiencias infortunadas.

Los conflictos se producen cuando tenemos que cambiar, elegir entre lo nuevo en vez de lo conocido, a la innovación frente la tradición, el trato deferente a los mayores como depositarios de la experiencia y sabiduría, o los movedizos jóvenes llenos de anhelos urgentes.

El valor de la experiencia previa ha pasado con bastante prisa, y sin mayores trámites, al trasto de asunto inútiles, cuentos de viejos. Puede que sea esta, nuestra civilización, la primera que ha puesto sencillamente al revés estos principios seculares.

Una cultura que no tiene interés por pisar o construir en el terreno sedimentado con los estratos del tiempo y que se siente muy confortable pisando un terreno, mitad real mitad virtual, de cosas por hacer y hechos por verificar, sin mirar para atrás, sino ansiosamente al frente, mientras los acontecimientos se suceden con comportamientos estroboscópicos.

Las nuevas velocidades pueden resultar mareadoras para los de antes, que sobreviven en el ahora y para aquellos iniciados actuales que profesan budismo zen o alguna otra corriente alternativa y fuera de ritmo. Sin embargo, en medio de las prisas, han surgido consecuencias ingratas que están obligando a pensar que a veces hay que usar el cerebro en vez de las vísceras y darle al tiempo la oportunidad de discriminar entre el trigo y la paja molida.


PROCOPIO


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